Hace dos años
Llegamos a su casa al mediodía,
nuestro padre había muerto dos veces
temprano en la mañana,
en una despertó y después nunca.
Nosotras hallamos su silencio,
su silencio increíble:
intentamos llenarlo siendo él,
brindar con el tequila
que siempre se tomaba a aquellas horas,
pero apenas sentíamos su hueco.
¿Cómo decirle adiós a ese hombre
que ya no vimos irse de su cuerpo?
En el absurdo confort del ataúd no dormía,
parecía un muñeco que al paso de las horas
se volviera distante, inabarcable,
como toda materia.
Después su inmensidad comenzaría a habitarnos,
por ese soliloquio que tiene cada una, con él muerto.
El catalán
En mi infancia mis padres
lo fueron desgastando,
sólo lo usaban para andar por casa.
Mi abuela, en cambio,
vivía todo el día
apoyada en su lengua.
Su catalán también crecía allí,
en ese suelo árido
donde tuve dos nombres:
aquel con que mis padres me llamaron
y el de mi yo silvestre y marginal
en boca de mi abuela.
Ya no tengo ese idioma
ni ese nombre,
sólo el recuerdo del clima agreste
en que mi abuela hablaba.
Había un ruido excesivo
que me impedía saber
lo que mis padres
callaban al perderlo.
Pero yo aún escucho
su música huidiza;
me da lo necesario para ir tanteando
entre la oscuridad.
No puedo conformarme,
como lo hacía mi abuela
imaginando que las palabras surgen
sólo para dar forma al pensamiento.
Necesito que me hagan tropezar,
que me fije en que no puedo ver así de golpe
y me obliguen a estar, a detenerme.
Alicia García Bergua (Ciudad de México, 1954), hija de exiliados de la guerra civil española, estudió la carrera de Filosofía en la Universidad Nacional Autónoma de México, ha trabajado durante muchos años en un proyecto de divulgación de las ciencias naturales que fundó el físico Luis Estrada en esa misma universidad, y en diversos trabajos editoriales; uno de los más recientes es la traducción de la versión en inglés de Hasard et chaos del físico David Ruelle (Casualidad y caos, Dirección General de Divulgación de la Ciencia de la UNAM). Actualmente es asesora de la revista de ciencia para jóvenes ¿Cómo ves?, publicada por la dirección mencionada y editora del proyecto Cienciorama, una enciclopedia científica para la Internet que dirige Luis Estrada.
Ha tenido la beca del Sistema Nacional de Creadores del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CONACULTA) de México. Tiene publicados dos libros de poesía: Fatigarse entre fantasmas (Ediciones Toledo, México D. F., 1991) y La anchura de la calle (Colección Práctica Mortal, Dirección General de Publicaciones de CONACULTA, México D. F., 1996). Y en prensa otros dos: Una naranja en medio de la tarde y Tramas. También está por salir su libro de ensayos Las pasiones de la inteligencia.


