Francisco Moreno Galván (Puebla de Cazalla-Sevilla, 1925-1999), por su temprana habilidad para el dibujo, ingresó en la Escuela de Artes y Oficios de Sevilla, pasando a la Escuela Superior de Bellas Artes, donde estudió entre 1941 y 1946. En 1949, obtuvo la Beca Murillo, otorgada por la Diputación hispalense, que le permitió viajar por algunas ciudades españolas. En 1951 se trasladó a Madrid, relacionándose con personalidades de la talla de Chumy Chúmez, Antonio Mingote, Fernando Quiñones, Antonio Gala o Caballero Bonald. Su trato con miembros del grupo El Paso lo instaló de lleno en el arte contemporáneo.
En la década de los 50, participó en la I Bienal Hispanoamericana de Arte. Su polifacética figura le llevó a crear carteles de eventos, portadas e ilustraciones de libros, carpetas discográficas e incluso decoraciones para películas como
Rey de Reyes o El Cid, producidas por Samuel Bronston.
Durante el cuarto de siglo de su estancia madrileña, desarrolló cabalmente su dedicación al flamenco –por el que se sintió atraído desde niño–, tanto en su vertiente literaria como pictórica. Sus letras –cantadas entre otros por Diego Clavel, Miguel Vargas y José Menese, de quien fue su descubridor–, sin perder el tono originario de las coplas anónimas, renovaron y actualizaron, pese a la censura franquista, los temas de siempre, yendo del desahogo o la queja tradicionales a la denuncia sociopolítica. Según él, «el flamenco es el sistema más eficaz para calar en el corazón del hombre. En ningún otro arte se puede llegar a plasmar la realidad y crudeza de la vida como en el flamenco. Es ternura y coraje, desesperación y esperanza; florecer, vivir y morir al mismo tiempo. Es la manera más hermosa para denunciar, para protestar. Por eso el flamenco sobre todo es rabia; no se puede cantar bien si no se hace con rabia».
Su obra plástica, influida al comienzo por Vázquez Díaz y Zuloaga, posee una indudable impronta picassiana. Rica en soportes y técnicas (murales, óleos, acrílicos, obras en papel, collages) nos da una nueva visión estética del flamenco, alejada del típico realismo costumbrista. Mediante un expresionismo figurativo, de trazo vigoroso y de una personal concepción de líneas y volúmenes, plasma retratos, bodegones y escenas del cante, del toque y del baile en los que proyecta su propia vivencia del arte jondo.
En 1977, regresó definitivamente a su pueblo natal, donde, como concejal de Urbanismo, recuperó la arquitectura popular andaluza, rehabilitando jardines, plazas, calles y edificios con elementos como la cal, el hierro, la madera y el ladrillo. Allí, fundó además el festival flamenco
Reunión de Cante Jondo, ocupándose de todos sus detalles formales y temáticos, en aras de una cuidadísima puesta en escena.
En palabras de José Manuel Caballero Bonald, Francisco Moreno Galván, «este morisco de aire patriarcal y cabeza romana, con pinta de picador retirado o de tratante de ganado mitológico, guarda en su alacena de pintor la clave de una doble consigna estética: la de la cultura popular heredada y la de la cultura aprendida en las más modernas páginas de la historia del arte. O de la historia social de la vida».
Palimpsesto agradece a los herederos del artista el permiso para reproducir, junto a algunas de sus letras, estas imágenes, extraídas del extraordinario archivo de Manuel Herrera Rodas, a quien también agradecemos su denodada y fructífera entrega al flamenco durante tantos años. 

Quevedo (1978), 130 x 97 cm. Mixta sobre tela.
Silverio Franconetti (1979), 70 x 50 cm. Mixta sobre papel.
La fuente de lo jondo (1980), 142 x 244 cm. Óleo sobre tabla
Niña de los Peines (1981), 34 x 30 cm. Mixta sobre papel.
Bodegón, 75 x 59 cm. Mixta sobre papel.
Bailaor (1978), 30 x 20 cm. Mixta sobre papel.
Mujer pensativa (1973), 40 x 77 cm. Mixta sobre papel.
Tres mujeres (1975), 100 x 100 cm. Acrílico sobre tela.
Bailaora (1982), 146 x 114 cm. Acrílico sobre tela.
Frutero y familia (1980), 122 x 122. Acrílico sobre tabla.
Amantes (1980), 85 x 100 cm. Acrílico sobre tela.
Reunión (1974), 114 x 174 cm. Acrílico sobre tela.
Cantaor y guitarrista (19??), sin catalogar.
Flamenca en reposo (1982), 92 x 73 cm. Acrílico sobre tela.
Guitarrista y perro (1984), 100 x 81 cm. Mixta sobre tela.
El limón es amarillo (1975), 40 x 70 Mixta sobre papel.
José Menese (1963), 40 x 22 cm. Guache sobre papel.