1. NADIE SABE QUE ESTÁS EN MÍ
Una caja de música bárbara, muñeca de ojos negros.
Eso es lo que quiero, testimonio y prueba de la lucha diaria por la libertad.
¿No me crees? Descansa muñeca, descansa, que ahora estoy inmerso
en la lucha por la libertad de las formas y de los contenidos.
¿No oyes cómo suena esta crónica de una vida marcada en la roca negra?
Ba-da-buum. Ba-da-buum. Ópera del desarraigo. Descansa, por favor.
Dices que esto no tiene remedio. ¿Eso dices sin palabras?
«Cállate. Nadie sabe que estás en mí. No respires.
Nadie sabe mi merienda suculenta de unidad:
legión de oscuridades, amazonas de lloro» (Trilce LXXI. 3-6).
2. CREPÚSCULO FUTURO
—Hablas como un oráculo. Regocíjate en mí y bebe tu verbena desde la pulpería de una esquina cualquiera. Y deja ya de ir a los fumaderos para olvidarte del mundo.
—«Cállate futuro y recógete a reír de ese celo de gallos ajisecos soberbiamente ennavajados» No hagas ruido. Que te crean ausente cuando los perros te huelan y comiencen a ladrar.
3. DIOS
No juegues con las serpientes del futuro. Escribe, escribe nomás.
El pelo negro de Otilia brillando oscuridades.
Escribe eso y sal al patio donde titilan las estrellas.
Silba, di que los perros quisieron convencerte que Dios existe.
Ah, jovencito, el mundo entero está a oscuras
y el enemigo sigue bombardeando nuestros sueños.
Silba, silba otra vez, afina tu violín para el baile o para la guerra
y grita: en el infierno nadie necesita de genios de ninguna laya.
4. LA POESÍA A SECAS
—En su lenguaje concurren «el soplo y el hueso» (Trilce lxii, 19)
—¿En eso radica su permanente actualidad?
—Sí, claro que sí. Me atrevería a añadir que también ahí arranca la modificación del cauce de la lengua poética. Gracias a esa aventura liberadora, dicen, el tipo consigue imprimir su huella en la historia de la poesía a secas.
—O sea que el mal se propaga sin remedio. ¡Trilce! Ese quebradero de cabeza.
5. PIEDRA TUMBAL
En vísperas de su regreso a Lima, el joven poeta visita la tumba de Vallejo y
lanza una ráfaga con su cámara último modelo.
–No me ensaño contigo, viejo; ocurre que mi furor no encuentra sosiego, pues vuelvo a los cerros sin haber escrito nada sobre el mito que tú nutriste con tus amores e incendios, con tu fuga y con tu salir humeando de ti mismo en el invierno de París.
Salvo este garabato sin sentido, nada, nada. Una tumba. Otra tumba. Todos los genios del mundo reunidos en este gran cementerio. Todos bajo el silencio anónimo.
6. ESCRITURA Y DISTANCIA
Un periodista le preguntó al Cholo que en dónde había aprendido a escribir si siempre llevaba el cerebro mal peinado, asorochado por la distancia.
—En los puertos, a orillas de quienes partían rumbo a ultramar con paquetes de cartas enviadas a las dulces ritas, a heráclitos y erasmos.
7. INFIERNO
—Todos tienen una pistola apuntando contra mi cráneo.
—No mientas, poeta. ¿Para qué gastar balas ahora que arranca otra guerra? O si tu esquizofrenia acierta, recuerda siempre: a todos los que alguna vez te amenazaron, la bala de la discordia los queme en el frente de todos los combates.
Recuerda siempre: la luz, incluso si se vuelve oscura, en algún momento brilla. Solo te queda esperar en silencio
8. LA GUERRA TRÍLCICA (1)
—Se conglomeran en Trilce tecnicismos, arcaísmos y neologismos, como si la intención fuera nublar la vista del lector. ¿Qué hacer? ¿Cómo avanzar en la incomprensión? La primera vez que me encontré con su cuerpo fue en la biblioteca rodante de Antonio Claros, el poeta de Chloe. El volkswagen en el que de vez en cuando Claros venía a la universidad era también el depósito de los libros que había leído en los últimos tiempos –años 1964, 65, 66 y otros–. Los espacios libres acumulaban pilas de libros. El maletero estaba repleto de poesía traducida al castellano. Ahí estaba casi todo lo que Fabril, la editora argentina, había publicado. Detrás de los asientos, cerrando la luz que penetraba por el parabrisas trasero, libros y más libros, sin contar los que estaban en los asientos y encima de la guantera. Eran los libros de lectura reciente o en proceso. Ahí estaba su ejemplar de Trilce, título impreso con tinta roja sobre cartulina marrón. Comencé a hojearlo y descubrí numerosos versos subrayados. No te lo puedo prestar, dijo, al comprobar mi curiosidad. Seguro que lo puedes encontrar en cualquier librería. Bajé por el Parque Universitario y en una esquina di con uno que me esperaba con los brazos abiertos.
9. JEAN MICHEL BASQUIAT
—En el ejemplar que hasta ahora conservo, todas las páginas están garabateadas de diferentes colores. Cada color marca la intensidad del asombro y la incomprensión.
—¿Has chapurreado un Basquiat antes de Basquiat?
—Me cabe esa gloria y no me jacto. Solo tiempo después me di cuenta que el motor de la lectura, en mi caso, fue tratar de «adivinar» lo que quería decir: «Oh, escándalo de miel de los crepúsculos. / Oh estruendo mudo. Odumodneurtse!». (Trilce XIII. 14, 15 y 16)
10. HISTORIA Y GEOGRAFÍA
—Desde el reniego inicial de ese buscador de la línea inmortal del equilibrio, Trilce evoluciona entre resonancias de dolores y mortificaciones. De jaranas y lágrimas.
—No te equivoques; yo solo hablo de hombres y mujeres venidos del fondo de nuestra historia y de nuestra geografía. Padre, madre, hermanos, compañeros de jarana, amoríos extraviados, suspiros y rencores. Y yo entre ellos afrontando el espanto de todas la guerras: la auto-modificación de la voz y del Universo.
11. TRILCE-OTILIAS-CIRCE
¿Qué se habrán hecho las Otilias de antaño? ¿Por dónde andarán los amores que nutrieron el canto bárbaro? ¿Esas sombras tenían como Circe poderes de transformación?
He querido verlas y mirar sus ojos. He querido oírlas y descifrar sus palabras.
Nadie. Nada
¿A quién se refiere el Trilce VI? «El traje que vestí mañana / no lo ha lavado mi lavandera: / lo lavaba en sus venas otilianas, / en el chorro de su corazón…»
¿A quién se refiere en el Trilce XI?: «“Me he casado”, / me dice. Cuando lo que hicimos de niños / en casa de la tía difunta. / Se ha casado. / Se ha casado».
Ya nadie con sus hálito para agitar ese polvo.
Muchos desencuentros acumulados en la voz que no describe ni relata sus problemas, pero que habla del «traje sucio de injusticia» y canta como un psicoanalizado en el momento de ver la luz entre las sombras.
Los biógrafos de César han señalado una Otilia en Santiago de Chuco. ¿Es ella la que en una estancia del canto se pregunta: «¿qué será de mí?» ¿O es la otra Otilia, la del barrio Maravillas, en Lima, la que quedó encinta de sus amores con César?
Busco retratos, dibujos de una y otra en el cementerio de imágenes, pero no consigo nada. Veo las calles de Santiago de Chuco en las serranías nor-andinas y también recorro con la memoria las calles, plazas y callejones de los Barrio Altos donde me tocó pasar una parte de mi infancia.
Veo imágenes que pudieran ser las de ellas, pero no termino de convencerme.
¿A qué alma maravillosa correspondía el sexo celebrado y cantado en Trilce XIII: «Pienso en tu sexo. / Simplificado el corazón, pienso en tu sexo, / ante el hijar maduro del día. /Palpo el botón de dicha, está en sazón…».
¿Qué se ficieron las Otilias de ese estruendo bárbaro?
Como carezco de respuesta, sigue viva la idea de Trilce-Circe. Agua de otros mares. Diamante de otro volcán. Rosa de Nadie. Bruja de Nadie.
12. NIDO DE PÁJAROS
—¿Conocen ustedes algo más triste que los versos de Vallejo?
—Lo que el Cholo hizo no eran versos. Nidos de pájaros eran en los que ahora se abrigan polluelos que de otro modo serían barridos por el temporal. Esto, por ejemplo, ¿te parece triste?: «Quemadura del segundo / en toda la tierna cabecilla del deseo, / picadura de ají vagoroso, / a las dos de la tarde inmoral». (Trilce XXX)
13. HÚMERO Y FLORES
Entre las tumbas de los Señores de Francia todo te pertenece.
Una laja de piedra, elegantísima, y un ramo de flores plásticas.
¿Pero qué haces allí nitrato y fósforo, y sin siquiera flores frescas?
Coge tus húmeros y vete a seguir tu sueño
allí donde incluso los cholos como tú tienen sobre sus tumbas
flores de china, kantutas, azucenas, locura de niñas,
malas mujeres olorosas y tiernas para aplacar diabluras.
14. HOMENAJE
Solitario y triste
¿para qué darte ahora
flores andinas
si tú mismo las abandonaste
a cambio del mito
París, un sitio muy grande,
lejano y otra vez grande?
Quédate solitario
entre quienes te empujaron
a mirar de arriba para abajo
tu organismo.
Quédate y calla ya
inventor de la modernidad
de los que seguimos bailando
huaynos, pasacalles
por nuestros mejores muertos,
por ti, Cholito Lindo,
tan triste y flaco,
versos de pura médula.
15. PROBLEMA DE RIMA
—Si te escapas, si consigues salir de aquel túmulo, lánzate a la aventura y llega hasta la iluminación de escribir un poema con ritmo de rumba.
—¿Rumba? ¿Y eso con qué rima?
—Con cholas calientes en los mercados al aire libre, en las altas llanuras, peineta amarilla y pañuelito rojo.
16. LA GUERRA TRÍLCICA (2)
—Bailando polkas, valses y marineras todos los de La Bohemia de Trujillo dieron el salto de lo criollo hacia los ritmos negros norteamericanos, hacia las cumparsitas del Río de la Plata, las rancheras mexicanas y otras sonoridades favorecidas por discos y películas de gran éxito; así Vallejo rompe con la melodía tradicional y armado de esos ritmos se lanza al mundo. Él y sus amigos.
—¿Importa?
—Sí, la ruptura con la tradición rítmica viene de esas noches, mucho antes del surralismo, mucho antes de todos los desbarajustes. Y sin sus amigos que movieron cielo y tierra para salvarlo de las garras de los tinterillos, hasta ahora estaría sumido en los líos y rencores del paisanaje.
17. POR LA RUTA DE TUS PASOS
Oh, César, en las cavernas de París,
entre los muertos de Montparnasse
los jóvenes poetas peruanos,
disfrazados de literatos poseros,
todavía se esfuerzan en sacarle lustre
a tus desgracias, a tus puyas.
Por la ruta de tus pasos yo me divierto
buscándole gracia a tus enconos
a inicios de una nueva guerra
y los cambios que no cesan.
18. VARIACIONES
Estoy cribando mis cariños
Ta-ca-tín // Ta-ca-tán
Madre, mañana me voy a Santiago
Me espera allí tu arco de asombro
por donde hay que pasar de puntillas
Así muerta inmortal, sacerdotisa,
con el rosado y el desengaño
de mis falsos trajines
Ta-ca-tín // Ta-ca-tán
mañana me voy a Santiago
a mojarme en tu bendición
y en tu llanto.
19. SEMBRAR ARROZ CON PATO
Y si llovieran noches
y más noches en mi eternidad
o si llovieran constelaciones
me retiraría de aquí a mil años
para sembrar arroz con pato
en algún rincón de la galaxia.
20. LA GUERRA TRÍLCICA (3)
—No han faltado amigos muy cercanos que han conseguido fechar los componentes del canto.
—Yo me atrevería a decir que ahora solo el diablo quizá sepa cuáles fueron los poemas escritos antes de la prisión y cuáles los posteriores.
—¿Los restos de Los Heraldos Negros se convirtieron en pasto de la guerra trílcica?
—Sin duda. Todos se convirtieron en materia de una guerra para ir más allá de la circunstancia en pos de la ampliación de los significados. Sea esa su victoria. Quedan sin embargo en ese cuerpo huellas difusas de lo que posiblemente fueron sonetos. Quedan cuartetas. Quedan endecasílabos. Quedan cosas de otros tiempos. Pero todos terminaron por pasar a ser parte de la caja bárbara.
—¿Quieres decir que Trilce no hubiera existido sin la tragedia carcelaria?
—Esa es la gran incógnita.
21. EPITAFIO
Harto de nuestros simulados llantos
un día de estos César resucitará entre nosotros
muerto de risa ra-ta-plan / ra-ta-plan / ra-ta-plan-plan-plan
para continuar la fiesta en los arenales de Lima
entre los cerros pelados donde viven los dioses.
París, marzo de 2022
Jorge Nájar (Pucallpa, 1946) pasó su infancia y adolescencia en diferentes ciudades de la Amazonía. En 1964, se trasladó a Lima, donde entró en contacto con la vanguardia literaria. Desde 1977 reside en París.
Ha publicado los libros de poesía: Finibus terrae (Premio Copé de Oro de la Bienal de Poesía Peruana, 1984), Canto ciego (Premio Juan Rulfo de Poesía, convocado por Radio Francia Internacional y La Maison de l’Amérique latine, 2001), Poesía reunida (2013) y Hotel Universo (2017).
Traducidos al francés, en edición bilingüe, aparecieron los poemarios: Lienzo escrito (1992), Mate burilado (1999), Mascarón de proa (2006), Ahí donde brota la luz (2015) y Espíritus (2018).
Como narrador ha escrito: Penúltima Odisea y otras ficciones (2007), Vallejo y la célula non plus ultra (2010), El alucinado (2013), El árbol de Sodoma (2014) y César Vallejo. La vida bárbara (2019).
Con este texto de Jorge Nájar, escrito expresamente para Palimpsesto, conmemoramos los cien años de la aparición de Trilce de César Vallejo.


