Albada

Anónimos cuerpos que amaron
la noche entera
y al alba volaron.

Al lecho la luna llevaron
sin que se viera
y al alba volaron.

En nudos sus brazos ataron
de enredadera
y al alba volaron.

Amantes que juntos gozaron
su primavera
y al alba volaron.

Más fuerte los gallos cantaron
por dondequiera
y al alba volaron.

 

A. M.

Hay en todos sus versos una fuente
que sueña o canta, no se sabe bien.
Al fondo está la plaza con sus árboles
que hablan con otros árboles de ayer
en el vago dialecto de la lluvia…
Sobre un banco de piedra un hombre lee
o medita callado ante el paisaje.
Algunos niños juegan, y después
el silencio del agua recomienza,
un gran silencio que se puede ver.

La fuente se oye borbotear a solas
y el viento insiste, como quien
va buscando en las hojas un amigo
que hace ya mucho tiempo que se fue.
Los niños ya crecieron, se alejaron,
va y viene el tiempo, no se sabe bien.
Machado, el bueno, lee lo que leía
sentado a solas, una y otra vez,
y aunque ya no lo vemos en la plaza,
alguno de estos árboles es él.

 

Cuerpo absoluto

Cuerpo donde Dios quiso detenerse
con tanta devoción de su maestría,
como un orfebre absorto noche y día
en su magia sumido hasta dolerse.

Senos, brazos, cabellos que al moverse
mueven la clara luz que el sol envía;
ojos adonde sube una alegría
que nunca antes se viera ni ha de verse

Milagro caricioso a quien lo mira,
jardín interminable a quien suspira,
como otra tierra no tendrá ni tuvo.

Yo suspiré de eternidad al verte,
cuerpo paradisial contra la muerte,
cuerpo donde Dios tanto se detuvo.

 

Setiembre

Ya está el viejo setiembre ante la puerta
pidiéndonos las hojas que han caído,
con su morral de andante distraído,
el alma vaga y la pisada cierta.

Ya trae el corno de su voz alerta
un pregón otoñal a cada oído,
que según la distancia de su ruido
más temprano o más tarde nos despierta.

Hojas está pidiendo a la arboleda
y a los hombres las horas sin lamento
donde el tiempo afiló su hacha de seda.

A setiembre le basta, como al viento,
lo que cae, lo que parte, lo que rueda,
nada más busca para andar contento.

 

 

Afrodita

Con lágrimas de mármol me lloraba
la Afrodita sin mar en su museo,
y yo, compadeciendo su deseo,
con mi llanto mortal la secundaba.

A su pétreo sollozo me aferraba
como náufrago en último braceo,
sin oírle el más mínimo jadeo
por la pena que allí la atormentaba.

Sentí en mi carne velas de navío
y ante mis ojos toda la infinita
fascinación de espumas y oleajes.

Y con su cuerpo entre los brazos míos,
hacia su mar, llevándome a Afrodita,
le di horizonte a nuestro largo viaje.

 

El rayo

Mueve mi mano un rayo de allá arriba,
forzándome a escribir lo que desea;
aunque yo mismo a veces no lo crea,
su centella es mi lámpara votiva.

Cuando se ausenta quedo a la deriva,
sin la más vaga chispa de una idea,
pero siempre al final relampaguea
y su lumbre se torna en llama viva.

Es mi rayo, mi duende que dibuja
con su instantánea cola de serpiente
a través de mis ojos cada cosa.

Signo tras signo siento que me empuja,
que inexplicable vierte de repente
en mi sangre su tinta misteriosa.

 

El ausente

Como si aquí yo mismo no estuviera
y esta luz otoñal, color de vino,
con su errante hojarasca en el camino,
pese a tanto esplendor, nadie la viera.

…De pronto un fruto de oro que cayera;
un pájaro embriagado con su trino;
mi recuerdo llegando repentino
a una mujer que no me conociera.

Así será, tal vez, irme del mundo,
lejos, quién sabe dónde y que no quede
ni siquiera la huella de mi sombra.

Sólo el eco del viento vagabundo,
arrebatando al paso lo que puede,
cuyo rumor quién sabe si me nombra.

 

Medianoche

Señor, es medianoche en mi postigo,
está a mi lado un cuerpo de mujer
que en la sombra custodia su placer.
No sé si soy su amigo o su enemigo.

Con tanta oscuridad aún no consigo
ver en sus ojos lo que quiero ver;
quizá la luna comenzó a crecer,
pero ya no me sirve de testigo.

Entre mis brazos el temblor desnudo
del cuerpo de mi amante espera el día
y el café negro del amanecer.

Señor, ya cantó el gallo 1o que pudo…
¡Quién sabe de este amor qué te diría,
antes que se volviera a adormecer!