Dulzor o polvo

A veces lo podrido del universo escondido te espera en el fruto.
Lo maduro: una sutileza, una maroma de silencio.
Permanece en su fuero el diario latir. Todo lo vivo tiene algo que contar, alguna luz tintinea en su palabra, algún sabor en su gesto.
El iluminado camino o el escabroso que se toma, por las circunstancias que apremiantes que sean, dibujan lo dulce y lo agrio del vivir. Nada más. Que tú lo goces en permanente primavera o en cloaca apestosa. Nada más.
Por otro lado, la maduración y su dulzor colma un instante inequívoco de lucidez, una paradoja, claro, en la boca.
Lo tenebroso, llano, sin madurar, se marchitó.
Y no es poco. Nada que tenga que ver con lo afable o lo encogido es poco. Siglos de estaciones favorables o diminutas lo han rociado, para que asome a nuestro labio así: cubierto de dulzor o polvo.
Dulce, dulce tu mano madura entre mi pelo.
El polvo, en cambio, guarda secretos de ascua, lo que se ha perdido en el tiempo.

 

Dice la canción

Te llevo en el corazón, en el vientre, porque no hay otro sitio donde llevarte.

 

Muro tiritando

El poeta, el laborioso, cada vez que acaba una página, un muro tiritando se acerca a él, con labios abiertos.
Tu vela le atrae, le envuelve. Por eso la ha encendido.
No es lujuria lo que le empuja, mendigo de tu calor.

 

Por tu pan de cada día

A tientas escucho, a tientas escribo, a tientas comprendo. La imagen aquí sugerida no es la calcada de ti, aunque proceda de su soñar.
La luz cae con obsesión de su árbol en pigmentos y minucias. Tú agachas la cabeza mil veces por tu pan de cada día, gimes por una caricia y eres fiel al ama: la vida. Tanto sentarse el hombre en su mesa de desdichas para no ser más que hambre crecido, tanto pensarse para no ser más que hombre desolado.


Miguel Cabrera (Callao, Perú, 1945) estudió Filología Hispánica en la Universidad. Complutense y reside en Madrid desde 1971. Colaborador en revistas como Estafeta Literaria, Cuadernos Hispanoamericanos, Infame Turba, Cuadernos Americanos, Lienzo, Códice y ; creó Poliarte, fusión de poesía, teatro, música y danza, basado en su obra poética.

Ha publicado los siguientes libros de poemas: Hogar de la semilla (Corona del
Sur, Málaga 1986), Noche contra noche (Devenir, Madrid, 1989), Fardos de la
memoria (Devenir, Madrid, 1992) y Para alcanzar el más allá del día (Ediciones del Tapir, Madrid, 1998).

Es también autor del ensayo Milenaria luz: la poesía de Javier Sologuren (Ediciones del Tapir, Madrid, 1988).