Un ciclista
Observa, mientras dura.
ante tus ojos
y va alejándose,
el fugaz equilibrio del ciclista,
cada vez más pequeño
en su callada marcha por los campos:
no deja de moverse
y en cambio no abandona nunca
esa extraña quietud
que existe en cada punto de la tierra
donde se apoya.
Ya apenas puede vérsele
entre los árboles
unos segundos más, apenas nada.
Lo poco que se tarda
en ver también
qué limpiamente vamos sucediendo
sobre un mismo equilibrio.
De un modo extraño
De un modo extraño,
a cada cual le cabe
en suerte un día
en el que empieza
a ver en sí y en torno
igual que quien estrena
su ropa, su calzado y cuanto pisa,
y entiende bien entonces
qué gran distancia media.
-y qué oscuro vacío-
entre este oír y ver tan verdaderos
y decir -como todos lo dicen- que se ve.
Y nadie sabe nunca
qué fuerza nos devuelve
esa mirada,
ese retorno que tan fácilmente
va borrándonos lindes, dentro y fuera,
y nos quita de en medio,
hasta dejarnos limpios y escuchados
allí, en la luz del día.
Cementerio de Deià
(Tumba de Robert Graves)
No dejamos de ver y oír el agua:
las lluvias de este otoño se deslizan
en corrientes por montes y veredas;
se despeñan allí mismo, en las olas,
desde el borde de los acantilados.
También desde este punto la sentimos
descender hasta el pueblo en un caudal.
Cerca, en el mar, sonríe el sol de enero.
Nada de cuanto ven aquí los ojos
entiende del temor que aflige al hombre.
Aunque haya de extinguirse, igual que todo,
aunque deba olvidarse para siempre,
algo de eternidad tiene un poema:
anda encima del tiempo y de sus horas
como el aceite flota sobre el agua.
Mientras surgen, quien vive en unos versos
no existe ya en un día con su fecha,
ni en un principio con un término. Alguien
dejó, sobre la tierra, un libro suyo.
Aunque bajo una tumba no haya nadie.
Salir
Salir de la pregunta «qué fui, qué hice
en esta vida» igual que el sol de invierno.
El sol que enciende el mar y los naranjos
y bebe del amor en nuestro pecho.
Antonio Moreno (Alicante, 1964) reunió su poesía publicada hasta entonces en Intervalo (2007). Con posterioridad salieron a la luz Nombres del árbol (2010) y El caudal (2014). Ha escrito varios libros de prosa, entre los que figuran Mundo menor (2004), El laberinto y el sueño (2009) y En otra casa (2012). Recientemente ha aparecido en la editorial Renacimiento El viaje de la luz, una antología de su obra poética. En Los espejos del domingo (2004) recogió algunos escritos de crítica literaria.
El libro al que los cuatro textos pertenecen se titula Cuaderno de Kurtná Hora, y saldrá al cuidado de José Mateos en Libros Canto y Cuento.


