Pier Paolo Pasolini nació en Bolonia el 5 de marzo de 1922 y murió trágicamente asesinado en un baldío cercano al aeropuerto de Roma, el 2 de noviembre de 1975. 

Fuera de Italia es más conocido como cineasta que como novelista o como poeta, a pesar de ser uno de los más intensos y representativos escritores de los convulsos decenios de la posguerra en Italia. Su obra certifica, tal vez mejor que cualquier otra, los grandes cambios de la sociedad italiana, el ocaso del cristianismo agrario y del humanismo socialista, la definición de una sociedad que es extraordinariamente permisiva por un lado y terriblemente represiva por otro. En esa misma sociedad, la vida y la obra de Pasolini han sido consideradas como motivo de provocación, pero ellas han sido también objeto constante de debate cultural.

Como novelista ha recreado y superado el neorrealismo en Ragazzi di vita (1955) y Una vita violenta (1959), y ha descrito con tono idílico las luchas y los sueños del campesinado friulano en Il sogno di una cosa (1962). Pero a partir del 61 Pasolini se concentra en el cine y sus novelas quedan en estado de esbozo (Alì dagli occhi azzurri, 1965), o deliberadamente sin terminar (La divina Mimesis, 1975). Vuelve felizmente a la novela en el 68, con la versión narrada de su película Teorema, donde se pone de manifiesto su concepción sacralizada y simbólica de la realidad, por la cual en el cine había recurrido a los mitos clásicos (Edipo Rey y Medea, respectivamente del 67 y del 69). En edición póstuma (1982), se conocieron dos narraciones autobiográficas de la época friulana: Atti impuri y Amado mio, respectivamente del 43 y del 48. 

Como poeta fue fecundísimo y constante. Sus poemas forman varios volúmenes que fueron saliendo sin interrupción hasta su muerte, siempre en medio de otras intensas actividades, como la filmación de sus películas, la fundación de un centro lingüístico, la redacción de la revista Officina, su obra pictórica, el periodismo y muchas otras iniciativas. 

De las dos tradiciones língüísticas y culturales que heredó –su padre pertenecía a una antigua familia de Ravena y su madre era friulana, de origen campesino– se sintió siempre emotivamente más vinculado a las tradiciones rurales y al dialecto materno. De esta profunda vinculación, pero asimismo de sus estudios de filología románica en la Universidad de Bolonia, nació su primer poemario, Poesie a Casarsa (1942), que más tarde reunió con otros en La meglio gioventù, publicado en Florencia en 1954. Del mismo año es Dal diario. Al período de la poesía dialectal corresponde también una serie de poemas «casi en español», que el autor dejó inéditos: era la época de la afirmación del hispanismo italiano con la fundación de las primeras importantes cátedras, como la de Oreste Macrí, y eso explica en parte el interés de Pasolini por el español. Los poemas, que constituyen una verdadera curiosidad, fueron publicados póstumos por Aldo Ruffinato en Pasolini in Friuli 1943-1949 y, poco más tarde, presentados al lector hispanoamericano por quien firma estas páginas en la revista Gradiva (Bogotá, VII/11, 1994). Desde otro punto de vista, tanto el recurso al español como al friulano constituyen la manifestación de una distancia respecto al italiano, lengua oficial de la cultura centralizada y represiva.

En 1957, el largo poema Le ceneri di Gramsci, que propone de manera polémica el tema de la libertad del individuo dentro del universo socialista, lo confirma como gran poeta y le vale ese mismo año el premio Viareggio. En 1958, da a conocer L’usignolo della Chiesa Cattolica, cuya última parte, «La scoperta di Marx», es la demostración de sus elecciones políticas, hechas con libre y lúcida conciencia, más allá de las dramáticas experiencias que condicionaron su vida a partir de sus años juveniles. Recordemos que su hermano Guido, tres años menor que él, siendo partisano, murió por un trágico error a manos de los comunistas en 1945; y Pier Paolo, que se había inscripto en el Partido Comunista en el 47, fue expulsado del mismo dos años más tarde, al ser denunciado por corrupción de menores del mismo sexo. 

En 1960 aparecen dos volúmenes: Roma 1950. Diario y Sonetto primaverile. En 1961, La religione del mio tempo. En 1964, Poesia in forma di rosa. En 1971, Trasumanar e organizzar. Y en 1975, La nuova gioventù.

Según Franco Fortini, la obra de Pasolini considerada en su conjunto, aparece como uno de los más completos ejemplos europeos de esa magnanimidad épica y carnavalesca que llega a Europa desde el arte contemporáneo norteamericano, a través del Action painting y del pop art. «La locura histriónica, el exhibicionismo catastrófico, la delicadeza angélica, el exceso manierista de contradicciones», dice Fortini, han autorizado a una parte de la crítica a leer en él un decadentismo retardatario, mientras otra parte de la crítica lo ha venerado como a un arcángel de la negación, un subversivo, casi el único que ha cruzado todas las escuelas y todas las formas expresivas con un «grito» en el que quería aniquilar la distancia que va de la palabra social a la modulación del sentimiento individual. 

La famosa composición «Una desesperada vitalidad» se incluye en el libro Poesia in forma di rosa, tal vez su libro de poemas más perfecto. Se trata de un poema largo, de ambiciosa composición, que finge la forma de un guión cinematográfico, que combina el lenguaje coloquial con el lírico y que, en definitiva, confiesa y descubre las más dolorosas llagas del autor: su homosexualidad y el sentimiento de marginalidad que ella le produjo durante toda la vida; su fervoroso comunismo y su dolor por una Italia ya no más apasionada y luchadora en la Resistencia, sino traicionada y vendida a los «destinos blancos» de la Democracia Cristiana; su profunda religiosidad y su contemporáneo anticlericalismo, su convicción de que la jerarquía católica no tiene ya (o no debía tener) una función en el mundo en que vivimos ni en el que queremos construir («este mastodonte papalino está a punto de no poder ya ser comprendido»). Pasolini no ha podido ver la caída de la Democracia Cristiana, el colapso del Partido Socialista con el proceso a su líder Bettino Craxi, ni las torpes tentativas para reconstruir la primera república. Pero por lo mismo sus reflexiones, en verso y en prosa, tienen hoy una amarga e inesperada actualidad.

Durante muchos años Pasolini escribió poemas obligándose a la rígida estructura de los tercetos dantescos. Pero en Poesia in forma di rosa se libera y se explaya en el verso libre. Eso constituye para él un paso fundamental en la búsqueda de su propia vía expresiva, y de ello deja constancia, no sin ironía, en este poema: «¡Versos no más en tercetos! / ¿Entiende? / Eso es lo que importa». Sin embargo, cuando el poema se ahonda, y le busca el centro del alma para la confesión más descarnada, el poeta vuelve al terceto (parte III), como si la desnudez del sentimiento se avergonzara de sí misma y buscara la dignidad de la forma, el ropaje poético; o (mejor) como si lo más íntimo fuera al mismo tiempo una música ineludible, y sólo lo más exterior pudiera ser expresado en términos de libre lenguaje coloquial o prosístico.

Los otros poemas seleccionados, «Súplica a mi madre», «Fragmento epistolar al muchacho Codignola» y «El alba del sur» completan esta breve muestra de la lírica pasoliniana, entre el desahogo confesional, la afirmación de su fe cívica y la pasión por el cine, como la forma más moderna e inevitable de expresión.