Hablemos de Pablo de Rokha

Puesto que nos interesa que los poetas de la rebeldía no perezcan a manos de los cazadores de gorras;

puesto que es de justicia ponerlos a salvo de los geómetras del verso,
que buscan la perfección en el dibujo de la letra pasando por encima o por debajo de si, bien compuesta o no, la letra es fundación o ruina en el momento de nacer;
puesto que nos place hablar de lo que es nuestro,
hoy nos reunimos en esta plaza batida por los vientos del siglo, en esta plaza del mundo

–desafiante como un párpado abierto–
para hablar de Pablo de Rokha mientras su cuerpo es cada vez más tierra y su palabra es cada vez más alma.

 

Pablo de Rokha fue elegido poeta por las mayorías: el tráfico de sus metáforas hace el ruido ensordecedor de la lucha de clases.

¿Recuerdan cuántos pendolistas de manos finas y oficiales lo silenciaban, Chile abajo, Chile arriba, porque ponía a sus poemas la mecha corta para que estallaran en el acto

y dinamitaba las sendas que no condujeran a la rebelión?

El orden burgués lo indisciplinaba y se insubordinó:
era un fugitivo al que la jauría del orden le pisaba los talones.

Pablo nunca quiso descansar en paz, y cantó, y cantó, y cantó.
Invirtió millones de palabras en fomentar multitudes para la insurrección:
predicó el paraíso repartiendo horizontes a manos llenas.

Sus opiniones públicas y privadas tendían a la guerra civil:
no habrá nunca en Atacama más ardor que en sus diatribas ni en las ventiscas de los Andes más agujas que en su lengua.

Ustedes, ciudadanos, pululaban en el olvido cuando él amaba a Chile más que a sí mismo y escribía proclamas que llamaban a filas vuestras hambres.

Murió sin pedir ni dar cuartel, liado a tiros con su sombra.

Dondequiera que se halle pedirá magistrados obreros para el Juicio Final.

 

Copla con cicatrices

Las cicatrices en la carne son
huellas muertas,
pero
en el alma tienen siempre un algo
de herida abierta.

 

El carro

Siento otra vez el carro
de los caballos negros.

Me asomo a los balcones
que dan a la vereda

y a los que dan al mar
y a los que dan al sur,

pero a saber no atino
por cuál camino viene.

Y me parece entonces
que está dentro de casa

avanzando sin prisa
por los fríos pasillos,

por los cuartos cerrados,
por las viejas penumbras.

 

Me casaré en Logroño

Para Isabel Gago

Me casaré en Logroño con una tabernera.
Será testigo mío Bretón de los Herreros.
Serán testigos de ella todos los taberneros.
El tinto andará libre como la primavera.

Bendecirá la boda Gonzalo de Berceo.
La novia estará hermosa. Yo juraré ser fiel.
Irán poetas ebrios empinando el jaleo.
Estallará de fiesta la calle del Laurel.

Armando Buscarini será mi convidado.
El principal de todos por ser un olvidado.
Llegará zigzagueando como el viento de otoño.

Ante el Alcalde afirmo que un día de algún año,
aunque parezca un sueño presuntuoso y extraño,
con una tabernera me casaré en Logroño.

 

Mi vecino

Me llevo bien con este hombre taciturno,
infatigable y fornido al que llaman Caronte.
Es mi vecino. Sus hijos retozan con mis perros.
Los críos lo despiden cuando el día declina
y en las mañanas vienen a esperar su regreso
donde amarra la barca, allí, entre esas rocas
que el Leteo lame al pie de mis ventanas.
Muchos amigos míos han viajado con él.
Amigos y amigas que nunca más he visto.
Viejas amistades que ni siquiera escriben
para contarme algo de sus vidas lejanas.
Me han olvidado, pienso, quizás me han olvidado.
Un domingo de feria, bebiéndonos un vino,
le confesé al barquero esa amarga sospecha.
Nada me dijo el hombre y me sirvió otro vaso.
El sol hacía un guiño festivo en la botella.

 

6:35 P.M.

Aquí dejo constancia
de este instante sin peso,
sin fondo, sin prisa.
De quedarme en silencio,
cuánta nada sería
esta tarde que admiro;
cuánto olvido, también,
estas dalias vivaces
que iluminan mi mesa
mientras bebo el café.


Manuel Díaz Martínez (Santa Clara, Cuba, 1936), uno de los más destacados integrantes de la Generación del 50 cubana, fundó el grupo Archipiélago, que se dio a conocer en la revista Ciclón (dirigida por José Rodríguez Feo y Virgilio
Piñera). Fue consejero cultural de la embajada de Cuba en Bulgaria, investigador del Instituto de Literatura y Lingüística de la Academia de Ciencias de Cuba, redactor-jefe del suplemento cultural Hoy Domingo (del diario habanero Noticias de Hoy) y de La Gaceta de Cuba (de la Unión de Escritores y Artistas de su país).
Colabora regularmente en el periódico grancanario La Provincia, codirige la revista Encuentro de la Cultura Cubana y es miembro del consejo editorial de la Revista Hispano-Cubana, que se editan en Madrid.
Ha publicado doce libros de poemas, representados en las antologías Señales
de vida 1968-1998 (Madrid, Visor, 1999) y Un caracol en su camino 1965-2005 (Cádiz, Editorial Aduana Vieja, 2005), que recoge de manera íntegra su libro más reciente Paso a nivel (Madrid, Verbum, 2005). En 2002, AMG Editor publicó en Logroño su libro de memorias Solo un leve rasguño en la solapa. Es autor de dos ediciones comentadas de las Rimas de Gustavo Adolfo Bécquer (La Habana, Arte y Literatura, 1982; Madrid, Akal, 1993), de una edición de las cartas que Severo Sarduy le enviara a La Habana (Verbum, 1996), de la antología de Virgilio Piñera Vida de Flora y otros poemas (Carmona, Col. Palimpsesto, 1999), de Poemas cubanos del Siglo XX (Madrid, Hiperión, 2002) y del libro de ensayos y artículos Oficio de opinar (Cádiz, Aduana Vieja, 2008).
En 1967, su libro Vivir es eso obtuvo el Premio de Poesía Julián del Casal, de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, otorgado por un jurado que integraron Nicolás Guillén, Eliseo Diego, Gabriel Celaya, José Ángel Valente y Enrique Lihn.
En 1994 le fue concedido el Premio Ciudad de Las Palmas de Gran Canaria por su libro Memorias para el invierno. La Academia Internacional Oriente-Occidente, de Rumanía, le otorgó en 1998 el Premio Internacional de Poesía Curtea de Arges por el conjunto de su obra. En 2006, el Centro Cultural Cubano de Nueva York le otorgó la medalla La Avellaneda, en reconocimiento a su aporte a la cultura cubana.
Miembro correspondiente de la Real Academia Española de la Lengua, vive exiliado en Las Palmas de Gran Canaria desde 1992, al haberse visto forzado a dejar Cuba tras firmar junto a otros intelectuales la famosa Carta de los Diez, un manifiesto histórico donde se pedían reformas democráticas y medidas de apertura al régimen castrista.