Traducción y nota de Eugenio Montejo

 

1

El otoño, los verdes degradados,
las viñas saqueadas de su sangre.

En el suelo exhausto de las cosechas
granos tan humildes
que ni las aves quieren:

palabras mínimas,
balbucientes versos.

 

2

Sobre el callado muro
la buganvilia
dice que es esta la casa que buscábamos.

 

3

El balcón nace de encalados pilares,
los pilares crecen del suelo firme.

El balcón se apoya
sobre el hombre
que en él está de pie.

 

4

En una curva inútil de la calle reposa la casa:
cuerpo adormecido
en una red,
entre árboles.

 

5

Joven cabeza
solo por sí misma circundada:

el vasto viento desata su cabello, queda en el rostro el hálito
de quien allí ha esperado el día.

Hasta poder tocarlo.

 

6

En esta calle solo caben las sombras.
Una casa en la que jamás he entrado
me abre las puertas
en la voz de un niño
que apenas oigo, aquí.

 

7

Casi agonía
este sueño de un barco
varado entre juncales,
sin unos ojos errantes
donde navegar.

 

8

Vencejos y vencejos
revolviendo los trémulos
restos del día,

esparcen y enredan
sus cuerpos y acordes,
que se van apagando

mientras más se oscurecen
las fluidas manos
que los acogen.

 

9

Estéril, sin recuerdos:
el espejo
que nunca ha conocido
un rostro esplendoroso.

 

10

Ni siquiera el nombre
conozco de estas flores:
jardín anónimo
donde nadie se refugia.

-¿Cómo retengo su aroma en unos versos?

 

11

Si soltaras la mano cogerías
el brote azul posado sobre el muro,
la cúpula de tilos,
-tan fulgurante espacio!

No se divisan torres,
pero un toque incisivo
suelta en tu cuarto una campana.

 

12

De súbito, un estrépito:
los rumores de un gesto,

-una paloma dictándonos
su movimiento.

Es la saeta y su blanco
que al huir no se hiere.

Y en tanto, por mirarla,
llama y canto, ascendemos.


José Bento es oriundo de Pardilhó, pueblo de la provincia de Aveiro, al norte de Portugal, donde nació en 1932, si bien desde hace muchos años reside cerca de Sintra. Poeta y reconocido traductor, Bento es el principal responsable de las más calificadas traducciones al portugués de autores de lengua española. En esto último lo acredita una treintena de títulos publicados hasta ahora, entre los que sobresalen obras de San Juan de al Cruz, Fray Luis de León, Quevedo, Fernando de Rojas, Garcilaso, como también Neruda, Vallejo, Gil de Biedma, José María Arguedas y José Antonio Ramos Sucre. Más secreta, pero no menos válida, ha sido su propia creación poética, sin duda brújula y fundamento de sus logros en la versión de obras ajenas. «Lo que queda más grabado en la sensibilidad del lector y en su desvelada memoria -ha escrito Carlos Bousoño de la poesía de Bento- es el ahondamiento, a veces abismático, en el destino dulce y terrible del ser humano».
Bajo el título de Silabario es publicó a fines de 1992 la compilación de sus poemas. «Al respigar» forma parte de ese admirable volumen.