Traducción y prólogo de Pablo del Barco

Cassiano Ricardo (São José dos Campos, 1895-Río de Janeiro, 1974), desde muy niño, se afanaba en juntar palabras en forma de poesía, siguiendo el ejemplo de su madre, poeta local, Minervina Ramos. Estudió Derecho y ocupó altos cargos administrativos en Brasil desde 1928. Transcurrió su vida entre la ciudad de São Paulo, Río de Janeiro, Río Grande do Sul (cerca de cuatro años), París (donde vivió tres años, visitando Portugal, España, Bélgica, Holanda, Suiza, Italia, Inglaterra). Durante esta estancia escribió Joao Torto e a Fábula y Arranhacéu de vidro (Rascacielos de cristal), libros de voluntariosa experimentación poética.

En su poesía, fundamentalmente, hay una clara evolución desde sus primeras obras –Dentro da noite (1915), A frauta do Pã (1917)–, definidas como parnasianas por la crítica, aunque él negaba este calificativo, hasta la experimentación poética más novedosa que representó la «Poesía concreta» de Haroldo, Augusto de Campos y Décio Pignatari, y el «neoconcretismo» de Mario Chamie y Ferreira Gullar.

Fecha importante en esta evolución fue la notable presencia poética de Cassiano Ricardo el año 1922, en torno al desarrollo de la Semana de Arte Moderna, surgida en São Paulo. Se adhirió entonces al grupo Verdeamarelo –verde y amarillo son los colores de la bandera brasileña– de nacionalismo radical, brasileñista y antieuropeo, junto a Menotti del Pichia, Plínio Salgado, Mota Filho, Alfredo Elis y Raul Bopp. También dentro del Modernismo, se vinculó al grupo Anta (el anta, o tapir, es un gran mamífero emblemático en la naturaleza brasileña). La poesía que hacen es patriótica, ufanista, idealizadora de Brasil, formalmente de verso libre, sin rima, sin métrica, rehusando cualquier similitud con la literatura europea, y de orientación política claramente conservadora.

Fue un animador notable de la vida intelectual brasileña; su compromiso y su empeño le llevaron a la cárcel durante la Revolución constitucional (1932), que tuvo como objetivo derrocar el gobierno provisional de Gétulio Vargas y la promulgación de una nueva Constitución para Brasil. Gozó en esta época de enorme popularidad; fue el poeta más leído por emisoras de radio a causa de sus poemas dedicados a São Paulo.

Creó y dirigió periódicos y revistas (A Manhã, Rio de Janeiro, 1940, entre otros). Fue miembro de la Academia Paulista de Letras, presidente del Club de Poesía (1950-53), distinguido con los más importantes premios literarios de Brasil.

Si algo hemos de destacar en Cassiano Ricardo es su incansable preocupación por la palabra y el poema, por evolucionar e innovar en la poesía de su país, y por las acertadas reflexiones sobre la literatura a través de sus ensayos (Algumas reflexoões sobre Poética de Vanguarda).

Aunque su poesía no ha transcendido tanto en el exterior como la de otros miembros de la poesía modernista o de vanguardia, su importancia en las letras brasileñas ha sido significativa. Su libro Martim Cererê (que subtitula «El Brasil de los niños, de los poetas, de los héroes») ha sido comparado con Macunaíma (1928), la novela de Mario de Andrade, clave en el desarrollo del Modernismo brasileño y de la identidad cultural del país. A mí me fascinó recién llegado a Brasil; fue uno de los primeros poetas que traduje al castellano (Revista Arteguía, Artefacto, Madrid, 1984), que me dio una idea clara de la voluntad de un pueblo por definirse a través del texto literario.

 

Metamorfosis

Mi abuelo fue a buscar plata
pero la plata se hizo indio.

Mi abuelo fue a buscar indios
pero el indio se hizo oro.

Mi abuelo fue a buscar oro
pero el oro se hizo tierra.

Mi abuelo fue a buscar tierra
y la tierra se hizo frontera.

Mi abuelo, aún intrigado,
fue a modelar la frontera:

y Brasil tomó forma de arpa.

 

Brasil-niño

I

Mi padre era un gigante, domador de leguas.

Cuando un día partió, a caballo,

en su dragón de pelo azul que era el Tietê1 de los descubridores,
recuerdo muy bien que me dijo: mira, hijo mío,
voy a escurrirme por esa puerta y un día volveré trayendo

unas doscientas leguas de camino y unas
decenas de onzas arrastradas por el rabo goteando
sangre por el hocico.

¡Y dicho y hecho! Se fue dando empujones en el bosque de los barrancos
¡entre alas de caimanes y de pájaros blancos!


1. Tietê: río que atraviesa la ciudad de São Paulo, afluente del río Paraná

 

II

Cuando llegó la Navidad mi padre estaba lejos,
luchando con los animales peludos, con lo gatos grandotes

de cabeza a rayas y con las mulas-de-siete-cabezas
que viven en el fondo de los árboles frondosos.

En la altiplanicie tañía una campana preguntando: ¿él no viene? ¿él no viene?

Otra campana de voz gruesa respondía: no…

y no, diciendo «no»… y repitiendo «no… y no»…

 

III

Y me acordé de buscar un par de botas
de las que mi padre usaba y poner el par de botas
detrás de la puerta del sertón2 que murmuraba entrampado en la arboleda.
¡Qué frío hacía aquella noche!
Me quedé con tanto miedo. Un gato corrumiau3
paseaba por los huecos de la teja hueca…
Pero llegó la mañana, linda como un tesoro
y fui a buscar, con el corazón saltando de alegría,
las dos botas de cuero

¡abarrotadas de oro!


2 Sertón (sertão): región semiárida del Nordeste brasileño, de bajas precipitaciones, que da lugar al crecimiento de la «caatinga», arbustos bajos que producen la castaña de «cajú».
3 Currumiau: neologismo, que podemos traducir por «gato que corre»

 

IV

Pasó una año más y mi padre no volvió.
Puse mis zapatones detrás de la puerta nuevamente

y al día siguiente

fui a buscar mis zapatones ¡abarrotados de esmeraldas!
Mi abuela, una viejecita portuguesa con el cabello de llovizna y toquilla azul a
cuadros me garantizaba:
«…fue Papá Noel quien lo trajo». Hasta que un día
hice como que no vi más, pero vi; desperté con la ilusión:
mi padre era un gigante, domador de leguas;
un feroz cazador de onzas negras;
terror de la selva, pavor de las mariposas
pero tenía un gran corazón.

 

V

Por fin crecí. Soy hoy persona adulta.
Soy comisario de café. Tengo viaductos encantados.
Mi ciudad es ese tumulto de colores que por ahí pasa
¡llevando las fábricas por las riendas negras de la humareda!

Barullo fantástico
de un mundo que salió de la oficina.
Grito metálico de ciudad americana.
Vida rodando temblando golpeando martillos
con músculos de acero.

Y el Tietê cuenta la historia de los viejos gigantes,
que anduvieron midiendo las fronteras de la patria,
al tiempo que São Paulo colocaba los zapatones detrás de la puerta
y los zapatones amanecían llenos de oro…

y los zapatones amanecían llenos de esmeraldas…

y los zapatones amanecían llenos de diamantes…

De Martim Cererê (1928)

 

Es tarde, es muy tarde

1

Todas las horas se
resumen en un minuto.

Los pies me quedan juntos,
conciliados.

Todos mis caminos
se encuentran en uno solo.
Y quedo desnudo de tiempo,
desnudo de espacio.

Quedo siendo yo, solo yo.

Entonces acepto la hora,
la única entre todas
(en el mundo colectivo)
que sería solo mía.
Terriblemente mía.
Más que la de haber nacido.
Más que la del amor.

Atravieso el horizonte
de mis pies con la tierra.
Hago mi horizonte.
Mi propia noche.
Mi autorretrato.

Quedo siendo yo, solo yo.

Ved bien que soy yo.

Pero ahora ya es tarde.

 

2

Gasté mi futuro
en cosas que no hice.

La tarde es casi humana
cuando en mí reposa. La tarde
atrozmente adornada
de colores, aún arde;
sin embargo, ya no me engaña.
Es tarde. Es muy tarde.

Habría solo un remedio.

Era el haber prestado
más atención a la vida.
Era haber consultado
más veces el reloj.
Era el haberte querido
más de lo que te quise.

Pero gasté mi futuro
en cosas que no hice.
Es tarde. Es muy tarde.

De Un día después de otro (1947)

El cielo y el sombrero

El Nadie que habita
en cada uno de nosotros.
A quien damos un nombre
en el registro civil.
El Nadie que vestimos
de cachemir inglés.
Sobre cuya cabeza
un día colocamos
el cielo y el sombrero.

Cielo y sombrero que el uso
y la sintaxis lírica
metamorfosearon…
Cuántas veces, en la vida,
precisamente el cielo
se hizo mi enemigo
azul, número uno.
¡y tuve que esconderme
en un sub-hemisferio!

Cuántas veces pedí
aquello a lo que tenía derecho,
con el sombrero en la mano.
Cuántas veces fui preso,
porque, ante el rey,
no me quité el sombrero.
El sombrero con el que un día
desprecié al mundo.

El sombrero con el que, hoy,
saludo a las flores
y cazo mariposas.
Cuántas veces, sin embargo,
me sorprendí, en la calle,
delante del mutilado,
del mendigo, del borracho,
de la Rosa, la hija del error,
o de Nuestra Señora,
en la procesión del entierro.

Pero, llega la hora exacta.
La única hora exacta.
La que estará escrita
en un reloj antiaéreo.
Morimos y el Nadie
pasa a tener el cuerpo
que fue nuestro, aquí afuera.
Somos su estatua
de última hora.

Miserable trofeo:
va, ahora, en decúbito
dorsal, de calle en calle.
Cuerpo que sale de la vida,
no ido, sino llevado.
como un expulsado
que –a la hora de la salida–
se olvidó del cielo
y perdió el sombrero.

De Poemas murales (1950)

 

La difícil mañana

1

¿Cuándo la mañana, no la mañana
que llega siempre tarde,
sino la que llegará por la tarde,
por la noche, a cualquier hora,
porque no obedece al cielo

ni al reloj,

vendrá?

(El reloj
solloza como un pájaro
en mi bolsillo)

 

2

No la mañana, con rocío,
sino la mañana sudada

(llorada)

No la mañana de algunos

sino la de todos.

No la mañana dada, rosadada,
sino la conquistada,

palmo a palmo, verticalmente.

día 2

día 3

día 4

Un telegrama, el último

del frente de batalla:

«cayó en nuestras manos

la mañana de hoy»

De La difícil mañana (1960)

 

Diario sin fecha

I

Todo tan en su hora
que te anticipo, ya,

un pez

que aún iré a buscar

al mar.

O te doy, ya, una flor
que aún me llegará

de Japón.

Como si la tuviera, ya,

en la mano.

Todo tan ya,
sin donde, ni cuando,
que el cazador me vende
un pájaro aún volando.

Se adelanta la aguja

de la hora exacta

a la hora inmediata.
La vida, un diario de hoy

pero s/f¹.

 

II

La mañana y mañana
incesto mágico del tiempo
en el calendario
de Granada y de la granada²,
del hombre y del canario.

__________
1 s/f: sin fecha; s/d es «sem data» en portugués
2 «romã» es «granada» en castellano. Establecemos el paralelismo con Granada, en vez de Roma 

 

Pequeño relato a El-Rey

Es verdad que la policía
me hizo llorar pero fue
un lloro mecánico.
No valió como lágrima
en una hora de pánico.

Después bajé al fondo
del mar para llorar en el agua.
Y la lágrima (sarcasmo)
murió en sí misma,
líquido pleonasmo.

Intenté, en cuanto pude,
llorar en palabras.
Pero la Ciencia quebró
el muro del sonido.
Y me quedé sin el (s)don

de llorar en el muro,
pues todas las palabras
inclusive la lágrima
están hechas de signo y son,
voladoras o esclavas.

Fui al cielo pero los ángeles
nunca lloran (oran).
Son como los peces
que en el mar no lloran
(moran).

¿Cómo decirle a el-rey
las cosas tan graves
que vi, donde y cuando,
y que solo podré
contar llorando?

Anduve, en fin, por todas
las geografías,
congos, cubas, laos
y caos, aquí, en China
en África.

Pasé por la puerta
de Brandeburgo,
donde el sol corta
nuestro cuerpo en dos;
¿y después?

Tuve que aceptar
(fiesta de carne y hueso)
mi propia cabeza
en un plato
a la hora del almuerzo.

Vi la muerte de hoy;
la muerte demente,
en que cada homicida
es, automáticamente,
un suicida.

Jamás Caín cruel
se mató tanto
a sí mismo, infiel,
como lo hace ahora
en matar Abel.

Vi los rostros, todos,
de la injusticia, en la tierra,
en el mar, en el aire.
Pero a Jeremías seco,
sin poder llorar.

Mis 7 razones
que para que yo no llore
me yugulan
me estrangulan
ululan.

Último recurso:

después de estas andanzas

HACERME DE OSO

para niños.

Translação

 

Gagarin

 

 

Las máscaras (en desfile)
(el primer grupo)

1

Preste atención a
nuestras máscaras.

Nada como las sa-

turnales. Ni como las de

oro.

Las de los comediantes, las

simbólicas,

en los teatros, también

otras.

También otras las de

Senghor, poeta

de la Negritud.

Éstas –nuestras máscaras–
apenas se ven; son

de tierra.

Forman parte de nuestro

rostro.

Máscaras de super-

vivientes

máscaras de vivos.

 

2

La cosa más simple

pero más dolorosa.

Sin

dolor físico

palpable,

solo acariciable.

Las máscaras con las que dor-
mimos. Sólo de tierra.

Sólo el susto

de amanecer

con ellas.

Contra nosotros.

En el espejo.

De Los supervivientes (1971)