Retrato de infancia
A José Agustín Goytisolo
Quién eres tú, que a mí tanto te pareces.
Dime por quién sonríes, tan plena, al sol de julio,
y desde el tiempo viejo, ése que olía a yodo
y a sol y a sal, y a tarde de verano,
me devuelves mi risa como una bofetada.
Pero si yo era triste, yo era una niña triste.
Así que yo era alegre. Sin embargo el verano
era sólo un paréntesis, un respiro improbable.
De aquella infancia pobre sólo queda tu risa,
mi risa para padre que sacaba una foto
de toda la familia, foto con mar de fondo.
La foto. Su silencio de imagen.
Sin pájaros ni brisa ni el cansancio.
Aquel tiempo varado contra el añil del cielo.
Sin medida
A Mario Benedetti
El cielo se desploma
en lluvia fina. Finales de septiembre.
La rutina, bendita, del trabajo
amortigua sin duda este derrumbe.
Tendremos que aprender a sentir vértigo
como si fuese sed o hambre,
y el miedo como un simple,
incómodo ardor en el estómago.
Porque sin duda es cierto que la muerte
es también habitante de mi casa,
y el desamor conozco, y la tristeza.
Alzo la voz por costumbre, como un pájaro.
Me han contado
que en algunas ciudades el otoño
se tiñe de hojas rojas, y es hermoso.
Pero aquí llega aprisa y sin medida
y se transforma en lluvia la bonanza
de las tardes gozosas del verano
como una exhalación, visto y no visto.
Por eso hablo del vértigo, del miedo,
y de mi voz de pájaro.
Rogativa
A José Mª Delgado
Agua indulgente del verano, riéganos.
Mójanos, llévanos hasta el borde impreciso de los mares,
hasta la cruz del mar, hasta el sabor del mar.
Danos gota tras gota la sonrisa tenaz de los sencillos.
Róbanos la tristeza del olivo.
Sumérgenos en el fondo salado del océano,
arrástranos al llanto o el grito o el silencio.
Cúbrenos la garganta, donde toda soledad se nos agolpa.
Piérdenos. Vuela el tejado
de la casa,
los árboles, las grúas, los andamios.
Llévate el edificio, el jardín, los cimientos.
Y déjanos desnudos, pequeños, abrazados
por tus hilos de plata.
Charo Prados (Alcalá del Río, Sevilla, 1962) ha publicado hasta la fecha el libro El aire detenido (Premio de Poesía Ciudad de San Fernando, 1997). Es autora de la colección de cuentos La carpa de oro, inédito, y del poemario Tan alta soledad (accésit del Premio Rafael Alberti, 2000), al que pertenecen estos poemas.


