Llamada
Como si hubiera un ajeno deseo
de algo remoto y turbio,
un pálpito de esporas o de algas,
de mar fructificando. La imperiosa
y remota voluntad de algún cuerpo
inexistente, a punto de formarse…
Cuanto se ve parece detenerse
(el vuelo, el agua, la palabra,
los pasos en la tarde…)
un esbozo de ser desvaneciéndose,
y no es posible mirar hacia su envés,
y sentimos la asfixia
mineral del vacío o de una vida extraña.
Y la llamada de un niño, de repente, nos salva.
Espinar
Aquella superficie de amanecer y nieve,
el despertar de brumas y la grava
endurecida en el relente. Y un frío
de metal en el labio, y la tristeza
de muerte recién hecha. Y más allá,
los pinos cubiertos por la escarcha,
con sus ramas de vidrio, y la resina
cayendo a la memoria.
Las palabras perdiéndose en la bruma,
las manos otra vez enrojecidas;
el vaho sobre el cristal cuando se escriben
los signos más aciagos,
aquel mantel y las cortinas.
Y la botella azul sobre la mesa.
Murmullos
Qué murmuran esas mujeres
detrás de la ventana,
con su alma al trasluz,
su voz es triste como el viento.
Hablan de raíces antiguas,
de héroes que quedaron inmóviles,
atravesados por un temblor de fuego.
Hablan de jóvenes confusos,
de mujeres que molían el trigo
o se herían la mano con la hoz.
Esas mujeres conversan con el humo,
quedan quietos los trigos en sus labios.
Miguel Florián nació en 1953, en Ocaña (Toledo). Poco después fue a vivir a Madrid. En esta ciudad obtuvo la licenciatura en Filosofía Pura. Trabaja como profesor de Filosofía en el I.B. Murillo de Sevilla. Compagina la crítica literaria con la labor poética, siendo colaborador habitual de revistas especializadas. Ha sido galardonado con el Premio Nacional de Poesía San Juan de la Cruz, el Premio Internacional de Poesía Claudio Rodríguez y accésit del Premio Iberoamericano de Poesía Juan Ramón Jiménez. Ha publicado los siguientes poemarios: Los mares, las memorias (Madrid, 1992), Anteo (Huelva, 1994), Lluvias (Ávila, 1995) y Los días y los pájaros (Zamora, 1996).


