Fábula de la telaraña de oro
La mosca se quedó
prendada de la hermosa telaraña que el aire
mecía entre las ramas del cerezo.
El sol se derramaba
como una flor de almíbar sobre el mundo.
Al trasluz de la tarde
los nudos parecían
diminutas semillas de luz iridiscente.
Los hilos, hebras de oro.
No pudo reprimirse
y se lanzó en picado,
en un vuelo mortal,
por gozar de aquel brillo
mágico en cuerpo y alma.
La mosca se quedó
prendida para siempre en los tentáculos
fríos de la belleza.
La fantasmagoría de la araña
se convirtió de pronto en un sudario.
Tal es la moraleja de esta fábula:
guardémonos de aquella hermosa luz
que a veces nos deslumbra.
Tras ella solo hay sombra.
Helada sombra.
Una de boquerones
Por mucho que se empeñe en evitar
la tragedia, el pequeño boquerón
acabará en la panza del atún.
Solo es cuestión de tiempo.
Nació para morir
en las fauces de un pez
más grande que no entiende
de camaradería ni preceptos morales.
La compasión no forma
parte de la cadena de la vida.
No ignoro que el pequeño boquerón
comió también cachorros de sardina
y que el atún es pasto
de escualos y cetáceos.
El pez grande se come al pez más chico.
Así reza la ley, pero la ley
es cambiante y confusa,
sujeta a los vaivenes
del azar y la química,
por lo que no conviene mostrarse desdeñoso
con ningún enemigo potencial.
Las apariencias suelen engañar muchas veces.
Ya no tengo las ínfulas
que tenía de joven.
Ando con pies de plomo.
Cuando miro un gusano
padezco taquicardias.
Empiezo a sospechar
que es más grande que yo.
Reflexiones ferroviarias
Los ojos soñolientos
de una mujer madura,
los gritos de una niña,
el gesto de cansancio de un anciano,
los jóvenes que ríen y alborotan.
Pasan las estaciones. Suben, bajan
anónimos viajeros.
Son otros. Son los mismos.
Se repiten las risas, las voces, las miradas.
Al otro lado de la ventanilla
el otoño dibuja una acuarela
de sangre. De repente
caen copos de nieve y su blancura
cubre una lejanía
de aldeas y montañas. Tras el túnel
se ve cómo discurre
un río entre los chopos
coronados de pájaros.
Es mediodía y el verano arde
en los trigos y el cielo es tan azul
que parece un milagro.
Y de pronto la lluvia.
Y otra vez el invierno.
Pasan las estaciones.
La historia se repite, se repite.
Eterno tiovivo de luz y sombra y luz
y de nuevo la sombra
y de nuevo de nuevo.
Los unos y los otros
Los ojos de los otros
son como pozos hondos.
Te devuelven la imagen siniestrada
del hombre que una vez
habitó tu conciencia.
En su mirar se funden el desdén
y el amor en un magma
de nada silenciosa.
Algunos días piensas que tu vida
no es más que el cruel reflejo de tu ser
en el azogue desde el que te observan
aquellos que se cruzan
contigo en el camino.
Otras veces sospechas
que los demás existen
acaso en la medida
en la que existes tú.
Que son figuraciones
en un paisaje onírico.
Que acaso damos vueltas
los unos y los otros
igual que sombras chinas
en el absurdo carrusel del tiempo.
Lo fatal
El hermoso Cañón del Colorado,
un cuadro de Vermeer,
la gótica grandeza
de la imponente catedral de Lichfield,
la Quinta Sinfonía de Beethoven
o los ojos dulcísimos
de la mujer amada
más tarde o más temprano
despiertan en nosotros el bostezo.
¿Por qué seguir hilando y deshilando,
la cruel madeja de la intrascendencia?
Los pájaros
La luz baja del cielo y es azul
la mañana. Contemplo cómo vuelan
indolentes los pájaros
en el aire sin nubes.
Estoy en la terraza
de una cafetería, frente al mar.
Escribo en un pedazo de papel
metáforas absurdas sobre la condición
del hombre y el porqué del existir.
Versos que se retuercen,
que mueren y se pudren
como manchas de sangre en el papel.
Me quedo meditando unos momentos,
los ojos extraviados en el mar.
El silencio se vuelve insoportable.
Acabo por creer que el ayer y el mañana
se funden en un punto indefinido,
que es ahora y aquí, bajo este azul
intenso y estos pájaros
que vuelan,
que se marchan,
que retornan,
siempre iguales
y siempre diferentes.
J. R. Barat (Valencia, 1959), licenciado en Filología Clásica e Hispánica y catedrático de Lengua y Literatura española, cultiva diversos géneros literarios,
tanto para público infantil y juvenil como adulto, por los que ha recibido numerosos premios y reconocimientos. Parte de su obra poética está recogida en la antología El héroe absurdo (Hiperión, Madrid, 2004). Sus dos últimos libros de poemas hasta la fecha son La brújula ciega (Pre-Textos, Valencia, 2010) y Si preguntan por mí (Renacimiento, Sevilla, 2021).


