Hombre disfrazado de sí mismo
No he estado en todas las ciudades
hay espacios vedados para mí.
Miro hacia arriba y pienso:
el cielo y la tierra son iguales
en todos los lugares que imagino
cercanos y distantes a la vez.
Por una absurda situación
alguien está muriendo bajo mi piel,
ha encontrado refugio en mi cuerpo
y atento a los sonidos
agoniza feliz de su ignorancia.
¿Hasta qué punto necesito otras ciudades?
Yo también tuve un tigre,
lo alimentaba con cantos de sirena
y juntos velábamos el resplandor del fuego.
Un día cambió sus ojos por los míos
entonces el paisaje fue otro precipicio
y mi tigre escapó de los derrumbes.
Yo no intenté atraparlo,
fui presa de su pánico,
de sus ojos ávidos de luz.
No he estado en todas las ciudades.
En algunas de ellas está el tigre,
sé que me está esperando.
Círculo y cenizas
Sin otro riesgo que el de la partida
he cruzado el círculo de fuego
que me separa de la ilusión y los engaños.
Alguien grita mi nombre como un eco,
otro lanzó una piedra y escondió la mano,
ignorante del precio que dan a mi cabeza.
Mi casa está vacía,
a veces creo que ella me habitaba,
que he debido partir
desde hace mucho tiempo,
y los vecinos están todos muertos.
He dejado la sombra colgada en el traspatio,
soy un extraño más de esta ciudad hostil.
Si pudiese escapar con solo abrir los ojos,
fingir que renuncio finalmente
y sin pedir clemencia,
hacerle un elogio a los verdugos.
Los jueces de antemano ya han dictaminado,
culpable o no debo cruzar el círculo
antes de que la hoguera se convierta en cenizas
y vengan a buscarme los espíritus.
José Poveda Cruz (Placetas, Cuba, 1961) ha publicado los siguientes libros de poemas: Cercos que teje la memoria (1990) y Estado de gracia (1998). En 2000 obtuvo el premio mención honorífica «Platero», auspiciado por el Club del Libro en Español de la ONU. Es miembro de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba.


