Cada vez que sufrimos una desgracia personal o colectiva, atendemos como nunca la voz del Arte. En ella encontramos siempre algunos versos, trazos o notas que parecieran premonitorios de nuestras adversidades, cuando en realidad son recuerdos de calamidades pasadas los que refrendan las nuestras. El poeta, pues, lejos de ser un vidente, según creían los antiguos, guarda, en sus ritmos y rimas, remota memoria de la especie.

      Escribió Montaigne que «es la belleza cosa de gran interés para el trato entre los hombres; es el primer medio de conciliación de los unos con los otros, y no hay hombre tan bárbaro ni correoso que no se sienta de algún modo influido por su dulzura». Al margen de tantas crispaciones diarias, la belleza, precisamente, nos reúne hoy aquí para borrar por un rato nuestras diferencias a favor del placer común de la poesía.

      Tras la forzada pausa provocada por los estragos del coronavirus, presentamos por fin los dos últimos números de Palimpsesto hasta la fecha, correspondientes al año en curso y al pasado.

      El n.º 35 recoge sendos homenajes al poeta guatemalteco Humberto Ak’abal y a la española Francisca Aguirre, en el primer aniversario de sus muertes, con reveladores textos del escritor austríaco Erich Hackl y de la profesora uruguaya Martha L. Canfield sobre el primero; y jugosas evocaciones críticas del poeta Juan Vicente Piqueras y la dramaturga Margarita Sánchez sobre la segunda. Ambos mundos poéticos, pese a ser tan distintos entre sí, echan sus raíces en la experiencia común de la pobreza, la humillación y el esfuerzo titánico por cultivarse en el amor a los libros, dentro de una visión a la vez compasiva e inconformista de la realidad.

      Además del puertorriqueño José Luis Vega, la hondureña Kris Vallejo y el carmonense José Luis Blanco Garza –cuyo tono de tierno desengaño ante la vida dialoga en voz baja con versos de sus poetas predilectos hasta integrarlos en los suyos propios–, las páginas centrales ofrecen una significativa muestra de los poemas intimistas de la chilena Eliana Navarro (1920-2006), introducida por su compatriota Óscar Hahn.

      Extraídas del extraordinario archivo de Manuel Herrera Rodas, las obras que ilustran este número pertenecen al polifacético Francisco Moreno Galván, mediante las cuales, junto a algunas de sus letras, dan una nueva visión estética del flamenco. Alejada del costumbrismo, su pintura, de raigambre picassiana y trazo vigoroso, plasma retratos, bodegones y escenas del cante, del toque y del baile en los que proyecta su propia vivencia del arte jondo.

      El n.º 36 se abre con nuevos versos, escritos durante el confinamiento, del poeta argentino, ya nonagenario, Antonio Requeni, acompañados de una amplia entrevista, donde aborda, entre otras cuestiones, su ascendencia valenciana, su entronque literario con las formas tradicionales de la lengua, la relación entre su poesía y el periodismo, que ejerció durante más de medio siglo, y los achaques de la vejez, a la que Caballero Bonald –el primer autor entrevistado de Palimpsesto, allá por 1990–, calificó como «una maldita sucesión de pérdidas». Entrañable recuerdo dejó Antonio Requeni, en la primavera de 2017, con la lectura que dio en nuestra pentamilenaria ciudad.

      El otro extenso bloque lo acapara la poeta mexicana Isabel Fraire (1934-2015), tan injustamente olvidada en su país como desconocida en el nuestro, cuya poesía, de inquietante y rara transparencia, viene avalada por los artículos de Ernesto Lumbreras y Fabio Morábito, a quien Chari y yo debemos su descubrimiento, al insertar un poema de ella en su última novela, El lector a domicilio.

      Destacan también las páginas dedicadas a Rosella di Paolo, de la que, junto a algunas composiciones suyas, se publica su discurso de recepción del premio Casa de la Literatura Peruana a su trayectoria literaria.

      Las ilustraciones pertenecen a Leo Matiz, uno de los grandes innovadores de la fotografía en Colombia y del fotoperiodismo del siglo xx. Cedidas altruistamente por su hija Alejandra, presidenta de la Fundación que lleva su nombre, forman parte del ciclo de Aracataca, el Macondo de García Márquez, y plasman, en palabras de Gerald Martin, «no solamente la resistencia y dignidad de los habitantes de la costa colombiana, sino también cierto halo mágico que los relaciona con su entorno de una manera muy específica y especial».

      Completan el número su compatriota María Gómez Lara, nuestra invitada de hoy —con unos bellísimos y actuales monólogos de personajes del Quijote—, los españoles Lola Mascarell y David Leo García, además de la palestina Asmaa Azaizeh, traducida por Frances Simán. Esta joven traductora generosamente nos ha abierto la puerta, tan escondida, de la poesía de su país, Honduras.

      Gracias a su indesmayable labor mediadora, sumamos dos nuevos libros a nuestra colección: El ladrido de los pájaros de José González y Papeles del solo de Rigoberto Paredes. Se trata de los primeros volúmenes antológicos editados en España de estos maestros de la lírica hondureña. Unidos por su sesgo irónico, los distinguen, sin embargo, sus estilos y enfoques. La poesía de José González, desconcertante e imaginativa, crea un mundo intransferible, trenzado por el sueño y la memoria. La de Rigoberto Paredes, más sombría y ácida, se caracteriza por un lúcido desencanto, de gran riqueza formal.

JOSÉ GONZÁLEZ. El ladrido de los pájaros

 

RIGOBERTO PAREDES. Papeles del solo

En definitiva, como los jóvenes personajes del Decamerón de Boccaccio que, encerrados en una villa idílica a las afueras de Florencia, se defienden de la peste de 1348 contándose cuentos unos a otros para aliviar sus penas y sus miedos, estos dos números de Palimpsesto son un modesto empeño por tender puentes en medio del gran aislamiento de la pandemia y, por ende, un refugio espiritual más necesario que nunca.

FRANCISCO JOSÉ CRUZ

PALIMPSESTO 35 y 36 – Lectura de la poeta colombiana María Gómez Lara. 10 de noviembre de 2021