I
Una vez más el viento agitando los árboles,
no el de otro tiempo
semejante a nosotros: este hacía
su voluntad, tomaba
poco a poco la forma
de aquella soledad que provocaba.
II
Este año las aves migratorias
no traen la alegría de su canto y su vuelo:
han traído la muerte
pasando de ala en ala,
de rumor en rumor, hacia regiones
que la memoria en sombra
y temerosa
ignora.
III
A la sombra de un sueño has regresado,
Eugenio amigo,
a visitarme,
a recordar historias perdidas y encontradas.
Hablamos largamente bajo un árbol
parecido a un samán.
Se oyó el canto de un pájaro:
-Ya ves, ya ves, dijiste,
aquí estamos muy bien acompañados.
IV
Miro mis manos apergaminadas
y entre sus líneas veo mi pasado
mientras las venas semiocultas animan
su lentísimo,
fatigado fulgor.
V
¿Quién podrá saber más de lo desconocido?
Tan solo esa raíz
que se hunde en la tierra
para hacer su camino
sin ser vista ni oída,
pues ella nada ignora
de puntos cardinales,
figuraciones y fragmentaciones,
inasibles finales.
VI
Unicornios, palomas,
en arcas que dejamos olvidadas
en mares de otro tiempo,
¿regresarán un día?
VII
Recuerdo un verso cuyo autor desconozco:
árboles quietos arden frente al cielo.
Visiones del viajero que buscaba
la tierra prometida y halló solo
la ceniza de viejos resplandores.
VIII
¿Con quién hablan las máquinas parlantes?
Hablan consigo mismas, se despeñan
las voces en el río de sus ecos:
rodados de un barranco, las figuras
humanas sepultadas en su seno
son el solo y el mismo mismo eco.
IX
La soledad conoce sus caminos.
X
El transcurrir del sueño,
la vida inseparable
que hace más llevaderos
los días terrenales.
XI
La memoria me lleva de la mano
a un neblinoso atardecer
para que escuche la canción de los álamos
al fondo de mi infancia:
vuelvo a oír como entonces
la cristalina música
de esas liras al viento
sentidas por Machado.
XII
Abre las puertas al silencio.
No temas,
no invadirá tu casa,
no es la muerte que ronda por aquí
como ladrón de noche,
es siempre el buen amigo, el esperado
a la hora del árbol a quien oye crecer,
y viene a protegerte
de todo mal.
XIII
Semejante a los días son los sueños:
ellos no se repiten,
una pequeña piedra en el camino,
una voz no esperada,
la confusión de un nombre al cruzar una calle,
los transfigura.
Y en cuanto a cosas reales,
resistentes
al sueño de la muerte,
no hay nada que decir.
XIV
ALGO NOS HAN DEJADO LOS DIOSES DESDEÑOSOS
Con muy menudos diezmos
y salarios escasos
nos pagaron los dioses
las devociones largas y vigilias:
días veloces
y el amor veloz,
esas fugacidades.
XV
Cuando menos se piensa
los fantasmas escapan de sus madrigueras,
y recobran su ser
al llegar a la casa del que vela.
XVI
Miro fotografías de hace años
que se alargan un siglo en la memoria,
pues estamos
en el invierno del 81:
grupos amigos, rostros que sonríen
al vacío y la nada de su encuadre,
imperceptiblemente y lentamente
se animan, se deslizan
por una puerta que es todo el espacio
en busca de otras voces no olvidadas
o de lugares pródigos
donde instalar ahora el escenario
para este desencuentro
que ya no tendrá fin.
XVII
¿Qué fue de tanta invención
y de tantas novedades y ocurrencias
y palabras
escritas para durar
como trajeron?
XVIII
Persistirá la música, dijeron,
pero la antigua gente de los libros,
nuestros viejos maestros,
han de ser olvidados,
así como la amada bendición de las eras
sólo será visible
en cambiantes imágenes.
Estaba escrito en el aire del tiempo,
no en páginas ni en letras duraderas
pues el sueño de Gutenberg
fue también nuestro sueño
por demasiados años,
y ha llegado la hora
del continuo, incesante fluir que anime todo
cuanto quede en nosotros del fervor de la vida.
XIX
Desde esta zona de penumbras veo
pasar tu imagen
lenta y nítida, lejos
por el cielo de una ciudad
donde sé que no estás,
y es tu imagen real
que se acerca otra vez a la tierra
y llega a mí
como si fueras una transparencia.
XX
Los hábiles ministros de la muerte,
rápidos en su juego,
se sienten como siempre seguros de ganar,
y por puesta de mano,
haberes que son todo cuanto nos va quedando.
XXI
No te abandona en toda la mañana
la sensación de haber llegado tarde
a un lugar donde alguien te esperaba.
XXII
Por la puerta entreabierta
aparecieron sombras
que repetían una y otra vez
sus ademanes de cordial bienvenida.
Un instante después
se internaron sin prisa
en el bosque vecino,
también cercano a mí, y circundado
por alambradas rotas.
XXIII
Querer la llama viva
envolvente y danzante
que se niega a la sombra
como el amanecer.
Incorporar los sueños
en el mundo real
y llenar de silencio.
todo su alrededor.
XXIV
con sus falsos mensajes.
Más temprano que tarde
con su canto dulcísimo:
«Ven aquí, ven aquí,
encontrarás el reino perdido de tu fábula,
la amistad y el amor de los días sin fin,
este es el paisaje y el lugar que te esperan
y esas figuras son las que buscas en sueños».
de nostalgia y regreso. La sirena
(su nombre es tentación)
no se irá de tu lado, repitiendo su canto.
No escuches. Ha llegado
la hora de la verdad:
no hay ensalmo que valga. El hoy es aún hermoso.
yo recordaba un tiempo junto a ti, unas palabras
en esas soledades con las que te confundes
para ellas,
y la memoria acerca una vez más
tus lecturas amigas de los viejos poetas,
mi vía Garcilaso y Aldana y Juan Boscán
que hice de tu mano,
y entiendo claramente
que a esa antigua usanza
mi mensaje cifrado para ti fue esta vez
de una última carta a una elegía.
que obtienen todos
cuando llega la muerte,
de algo,
de alguien que está siempre
más allá de sí mismo,
se desvanecen
como sombra en la sombra.
Es autor de varios volúmenes críticos: El cuento hispanoamericano del siglo XIX. Notas y documentos (1972), Conversaciones con Enrique Lihn (1980 y 1990), Relecturas hispanoamericanas (1987), Leído y anotado (2000), Invitación a la lectura (2001) y Sala de lectura (2012). Con Rigas Kappatos, publicó las antologías Los cien mejores poemas de amor de la lengua castellana (1997) y Presencia de Grecia en la poesía hispanoamericana (2001). De su obra poética han aparecido en España los volúmenes: Datos personales (Col. Palimpsesto, Carmona, 2005), Baladas de la memoria (Pre-textos, Valencia, 2010) y Al fin del día 1958-2013 (Biblioteca Sibila-Fundación BBVA, Sevilla, 2013), que reúne su poesía completa hasta la fecha.
Profesor honorario de la Universidad de San Marcos (Lima, Perú) y de la Universidad de San Andrés (La Paz, Bolivia), en 2011 ingresó como miembro de número en la Academia Chilena de la Lengua.
Transparencias es su conjunto de poemas más recientes, aún no recogido en libro.


