Historia muy vieja
«Al efectuarse excavaciones arqueológicas en Novgorod, se encontró un trozo de esquela garrapateada en la corteza de un abedul. En ella, un joven de Novgorod de nombre Nikita, hace 700 años, por intermedio de su amigo Ignat, ofreció su mano y su corazón a Uliana, muchacha a la que amaba»
GACETILLA APARECIDA EN UN PERIÓDICO
Muy adentro de la tierra
bajo duras capas de lluvia y de leyenda
más abajo del olvido
y del recuerdo
entre ríos de palabras secas
una mano trémula escribió en la corteza de un árbol
-Te quiero, Uliana
Fue en Novgorod
Había pájaros en torno
Había trigo claro y abedules
El tiempo se ha puesto más viejo desde entonces
y más nieve ha caído sobre los pomares
y más sombra sobre Uliana
y más otoños sobre el corazón y la piedra
Novgorod con sol hace setecientos años
Tú no reías entonces
como Uliana
ni yo te quería
Tú eras un poco de brisa en la espiga
Yo
una laja del río o un ciruelo quizás
Tú eras la paloma del campanario
o la cebolla en la mesa de Uliana
Yo
el cordero en el horno o el cántaro a la entrada
Uliana era querida a nuestra sombra
Todo aquello ha pasado
Hemos venido nosotros
El amor sigue intacto
como cada mañana el sol
Ahora Uliana es el geranio que alumbra tu ventana
y su novio es
quizás
este pedazo de pan dulce que te brindo.
De El país de Ofelia (1965)
El cielo virgen*
El cielo
-tránsito absoluto,
testigo universal del alma-
es el trasfondo de la soledad,
donde los pájaros de lágrimas íntimas
disuelven su negrura
y es paloma de vida y lámpara de sangre
la arcilla teologal de Cristo.
El cielo,
donde siempre morimos tiernamente
en tardes deshabitadas y perdidas;
donde hacemos oraciones bastardas
y nos soñamos dueños de nosotros mismos;
donde los gritos menesterosos
abrigan empeños labradores
y los ojos clavan su cetro de impotencia;
donde la guirnalda gregaria del ser
enlaza el vacío…
El cielo,
donde todo canta la antigua salmodia infinita
es un templo ruinoso
de ardidos silencios universales.
El árbol tiende su soledad al cielo
como todos nosotros:
el árbol, como nosotros, nace
de soledad inmensa,
que sólo testifica la inmensidad del cielo.
De fugas tenemos el alma,
de praderas desbocadas y raudos silencios,
de corceles torrenciales
y delicadas tormentas fugitivas.
El cauce de nuestras fugas se vierte al cielo,
y en su costumbre se transforma
y crece.
A tientas, como los trillos y las mariposas,
y turbios como la sangre perseguida,
hacemos nuestro viaje cotidiano al mundo.
Fluimos, descorazonados y densos;
descendemos a lo diario común
desde lo diario nuestro y doloroso,
y desaparecemos, cotidianamente,
en la distancia de todo.
Nuestra única silueta, entonces, es el cielo.
Pero este unánime cielo,
esta pena absoluta que a todos nos confiesa,
esta caja sonora que suena a nuestro y ajeno.
esta cruz donde cada cual clava su nombre
y cada cual se crispa y fallece,
no es el cielo en que canto
el contorno fulgurante de mi muerte
ni la sangre que me justifica;
no es el cielo que alumbra hacia dentro
religiosamente,
el enigma de condición votiva.
1957
* Escribí este poema cuando tenía veinte años, después de consumir mucho papel garrapateando versos que eran solo ejercicios de entrenamiento, y cuando lo vi publicado por el gran Samuel Feijóo en la revista Islas, que el poeta dirigía en la Universidad de Las Villas (Cuba), supuse que yo había logrado hacer, al fin, mi primer poema. Y como tal lo he tenido siempre. Hoy, más de medio siglo más tarde, Palimpsesto lo publica por segunda vez, colmándome de nostalgia. MDM
POEMAS NO RECOGIDOS EN LIBROS
Divertimento
A Pilar Paz Pasamar,
en Cádiz.
El mar pasa por tu mano
con todo el viento en la vela,
y el cielo en azules vuela
de tu verso gaditano.
Desde mi sueño cubano
te mando, amiga Pilar,
un murmullo de palmar
y un aroma de café.
Con nada mejor, lo sé,
te podría homenajear.
Esta décima guajira
que compongo con amor
sin duda sabe mejor
porque en tu verso se inspira.
Yo pongo mi pobre lira
a tus pies de creadora
y te aseguro, cantora
que tan bien sabes cantar.
que confundo con el mar
tu canto de luz sonora.
1996
Dandy
Cada mañana, cuando me despierto,
extraño que no venga a saludarme.
A su ausencia no logro acostumbrarme:
no sé cuál de los dos es el que ha muerto.
Tras mucho pretenderlo, he comprendido
que tampoco consiga acostumbrarme
a que no venga ya para invitarme
a ser niños jugando al escondido.
A veces lo recuerdo en el balcón,
cual filósofo en su meditación,
solo, mirando el mar de mi destierro.
Las noches frías, cuando me acostaba,
echado junto a mí me calentaba.
Era mi amigo, y un poco más: mi perro.
2012
Mis huesos
Yo no soy mi esqueleto.
Y menos lo seré después que muera.
Dejen en paz mis huesos para siempre
en el hoyo que el acaso les depare.
Olvídenlos como se olvidan
los objetos inútiles.
Yo nunca estaré en ellos.
Si quieren encontrarme alguna vez
después que muera
búsquenme en mis libros,
en las tormentas
y canciones de mis años,
revuelvan mis papeles,
escudriñen mis cartas y silencios,
consulten la memoria
de quienes me odiaron o quisieron.
No pierdan el tiempo con mis huesos.
2010
Copla del olvido
Aunque tema olvidar
y tema que me olviden,
olvido soy, y olvido
la sombra que me sigue.
2011
Manuel Díaz Martínez (Santa Clara, Cuba, 1936) fue consejero cultural de la embajada de Cuba en Bulgaria e investigador del Instituto de Literatura y Lingüística de la Academia de Ciencias de su país.
Entre sus libros de poemas destacan: El país de Ofelia (1965), Vivir es eso (1968), Mientras traza su curva el pez de fuego (1984), El carro de los mortales (1989), Memorias para el invierno (1995) y Paso a nivel (2005). Reunió su poesía completa en el volumen Objetos personales 1961-2011 (Biblioteca Sibila-Fundación BBVA, Sevilla, 2011).
En 2002, publicó su libro de recuerdos Solo un leve rasguño en la solapa. Es autor de dos ediciones comentadas de las Rimas de Gustavo Adolfo Bécquer (1982 y 1993), de la antología de Virgilio Piñera Vida de Flora y otros poemas (Col. Palimpsesto, Carmona, 1999), de Poemas cubanos del Siglo XX (2002), del libro de ensayos y artículos Oficio de opinar (2008) y de la edición de El ciruelo de Yuan Pei Fu de Regino Pedroso (Col. Palimpsesto, Carmona, 2011).
Ha obtenido varios galardones como el Premio de Poesía Julián del Casal (1967), el Premio Ciudad de Las Palmas de Gran Canaria (1994), el Premio Internacional de Poesía Curtea de Arges (Rumanía, 1998) y la medalla La Avellaneda (Nueva York, 2006) en reconocimiento a su aporte a la cultura cubana. Miembro correspondiente de la Real Academia Española de la Lengua, vive exiliado en Las Palmas de Gran Canaria desde 1992.


