GUSTAVO VEGA, leonés residente en Cataluña, se dedica a la investigación teórica, docencia y práctica creativa en tres ámbitos de interés. Filosofía, Poesía y Artes Plásticas. Tres disciplinas que el conjuga y que frecuentemente sintetiza en sus obras procurando un perfecto ensamblaje de elementos literario-poéticos
y de valores plásticos.
Como artista plástico y poeta visual, ha expuesto en Barcelona (seis veces) y participado en casi un centenar de exposiciones colectivas.
Es autor de libros y carpetas de poesías visual, tales como Habitando transparencias, Prólogo para un silencio, El placer de ser, La frontera del infinito, Ex.Tensión fonética, Plaza del Buensuceso, Década o Al límite del instante. Fundó y dirige el grupo “Ex.Tensión Fonética” y el “Laboratorio de Investigaciones Poético-Fonéticas” con quienes ha realizado en tierras catalana múltiples recitales. En el marco de su actividad docente, realiza seminarios y Talleres de Creación Poética para distintos tipos de alumnado: estudiantes de BUP, aficionados y profesionales de la escritura y de la enseñanza.
Tanto él como sus «Talleres de Creació Poética» han recibido becas y premios en diferentes ocasiones. Y de su obra se han hecho eco diferentes antologías
y cursos universitarios.
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«Los paisajes de Gustavo Vega son signos…
Hay una belleza de objetos fabricados, de colores propuestos, de letras, como al «A», perdidas, casi tiernas. ¡Oh, el collage, como nosotros mismos! Mezcla ordenada de lo confuso. En la soledad de los objetos nos reconocemos.
(…) Gustavo Vega trabaja a la luz de la lámpara con unas tijeras, unos pinceles finos, un libro, unos ojos desmesuradamente abiertos. Buscará la nieve en la página negra.
Pondrá una gota de color. Intentará alcanzar para los nuevos algo que no han visto. La poesía y el signo. La imagen y la belleza del hallazgo, la inquietud de la estación. Lo artificial como consigna. Todo ello no deja de inquietarnos cuando Gustavo Vega llama a la puerta, camino de sus tierras leonesas, en un invierno tan triste como hongo.»
JOAQUÍN MARCO
«Gustavo Vega tiene una particular manera de distribuir las palabras, pequeños mundos, en el espacio. Entiende que el espacio vacío, ovaciado, dice tanto, y a veces más, que las palabras. Aquí el espacio vacío no es un mero soporte para al palabra. Es un elemento semántico. “Al hablar es encienden los espacios…» (Salinas). Ello hasta el punto de que las palabras, a veces, no sean sino un mero esfuerzo, una nota al margen, una explicación del espacio (…].
En algún poema, el cuerpo del texto, y sus espacios, se mimetiza con el contenido semántico del lenguaje, e insinúa aquello que es nombrado. Un soneto, por ejemplo, puede llegar a perder todas sus esquinas, a redondear sus perfiles, en clara alusión a las dimensiones, al «big bang», al latido del cosmos al que se refiere. El texto se hace metáfora por todos sus costados.
En conclusión, a juzgar por la obra que tenemos entre manos, estamos ante un autor especialmente dotado de una personalidad compleja y multiforme, rica en matices. Ante un creador en el que contemplación serena y apasionado dinamismo, actitud mística y actuación práctica, coinciden, se superponen, «CO-HABITAN-ENTRE» TRANSPARANCIA. Un innovador de realidades que puede ser considerado igualmente depurado poeta clasicista y, al mismo tiempo, comprometido experimentador. Alguien para quien al poesía no es, sólo, cosa de palabras.»
EUGENIO DE NORA

