El día que la señorita K pensó que la magia era el sombrero:
1
Tu poesía, me dijo,
no es más que un truco
de seducción
barato.
Con ese conjuro
me quitó la voz.
2
Ese día,
la magia se confundió con el sombrero,
del que no brotaron más palomas,
ni globos,
ni pañuelos.
Ese día,
aunque nadie se dio cuenta,
desapareció el mundo.
Eróticatúyomente
para alinamuy/gerardamente
Profundagenerosasensualmente
Alairevientoenaparentecalma
Húmedamelancólicasonriente
Magnéticaondulanteydespeinada
Completadesquiciadatotalmente
Ardienteplenayuntantooadverbiada
Rápidamuchomuyerectamente
Desde la enormidad
hasta la nada
No me dejes manzanas
Por favor
no me dejes manzanas
sobre la mesa,
en la nevera,
debajo de la cama.
Sé que son rojas,
redondas,
saludables.
Sé que sin ellas
no existiría la Biblia,
la discordia,
la parte inferior de la garganta,
y que sería más difícil
comparar algunas cosas:
el sol crepuscular,
tus mejillas post factum
y aquellos pechos jugosos
y duros.
Pero toda manzana
tiende a descomponerse,
a producir gusanos,
a transmitir bacterias.
Puede también
prolongar una vida sin sentido
y quitarnos el hambre
para siempre.
Así es que por favor,
no me dejes manzanas:
no me gustan las manzanas,
no soporto ver cómo se pudren
y tener que tirarlas después
a la basura.
Demostración
Las cosas son perfectamente
lo que son
(dijo un poeta con alas
y nombre de ave de rapiña).
Siempre,
menos cuando no
(agregaría otro sabio
de oficio adecuado a su apellido).
Por eso los cisnes son siempre
perfectamente cisnes
–cuando no son buitres–,
y blancos
siempre que no son
negros
o de cualquier otro
color.
Y por eso tú siempre serás tú
perfectamente
–cuando no seas otra–,
y mía
siempre que no seas
de otro
o, cuando menos,
no mía.
Quod erat demonstrandum.
La señora Dios
Yo no dudo que exista Dios,
porque he visto a su secretaria.
Lo que no sé
es qué colores le gustan,
qué bebe además de whisky
y qué hace en su tiempo libre.
Pero eso no es lo importante.
Lo que realmente me intriga
es si es hombre o mujer,
si es Él o su secretaria,
o quizá Él
y su secretaria:
esa mujer distinguida,
de cabello plateado,
elegantemente vestida de azul
y verdaderamente ejecutiva
(lo que mucho,
mucho
le agradezco).
Aunque pensándolo bien,
quizá vi a su esposa.
Así simplemente:
la señora Dios.
Gerardo Beltrán nació en 1958 en la Ciudad de México y desde 1991 vive en Varsovia. Es traductor y profesor de la Universidad de Varsovia, por la que se doctoró en 1998.
Ha publicado Romper los muros (volumen colectivo, UNAM, México, 1987), La vida no pasa en vano por Moras (Prisma, México, 1988) y Breve paisaje con sombras (volumen bilingüe, Ma e, Varsovia, 1996). Sus traducciones de poetas polacos y lituanos, han aparecido en distintas publicaciones de México y España. Participó también en la antología El gran número, Fin y principio y otros poemas de Wislawa Szymborska, editada por Hiperión en 1997. Ha recibido el Premio Nacional de Poesía Efraín Huerta (1991) y el premio de traducción de la Unión de Escritores Lituanos (2000). Ha sido traducido al polaco, lituano, checo, ruso e inglés.


