Ruido

Las ventanas temblaron. Las puertas temblaron. Hasta las paredes parecieron temblar. Llevaban un par de años en aquella casa junto al aeropuerto, pero él no acababa de acostumbrarse. El ruido del avión lo envolvió todo, absorbiendo el estallido del vaso al caer al suelo. Él había comenzado a hablar: «¿Te das cuenta de que…» Ella hizo un gesto, como indicando que esperara, y salió a buscar algo. A su vuelta, él completó la frase: «…el estruendo lo oímos siempre por la derecha, aunque los aviones aterrizan por la izquierda?». No era lo que pensaba decir. Ella, recogiendo los fragmentos del vaso y secando la bebida, lo miró. No era lo que pensaba escuchar. «Sí, respondió, es extraño».

 

Que la vida

Miraba caminar a su hija por encima del muro. Muy seria, con los ojos entrecerrados, se equilibraba abriendo los brazos. El permanecía atento. La veía tan pequeña, tan vulnerable. Pensaba que la vida…, que la vida…, que la vida… Nunca llegaba a terminar la frase.

 

Onírico

Exquisita tu venganza: te me apareces en sueños, más deseable que nunca, noche a noche. Y, noche a noche, te persigo, te ruego, te pido perdón y te poseo, al fin. Me han dicho que estás embarazada. Exquisita, ¿no es cierto?, mi venganza.

 

Temperaturas

Cargó a la niña hasta la cama. Ardía. Le pondría otra vez el termómetro, le daría la cucharada de antipirético, le cubriría, dudaría en llevarla o no al médico al día siguiente, trataría de que tomara algo de leche. Se acostaría en el sofá de la sala, fumando, bebiendo, hojeando un libro. Iría a verla a cada ataque de tos, hablándole, besándole la frente, calmándola. Miraría la lluvia por la ventana. Temblaría por el frío que baja desde las montañas, por el frío que sube de la tierra, por el frío que viene del mar, que cae del cielo, que chorrea de los árboles, que sale de los cuerpos. Por el frío.


Julio E. Miranda (La Habana, Cuba, 1945), escritor interesado en los más diversos ámbitos culturales, realizó estudios de filosofía, idiomas, y teatro. Ha vivido en Estados Unidos, España, Francia, Bélgica, Italia e Inglaterra. Desde 1968 se radica en Venezuela. Ha cultivado con maestría la poesía, el ensayo, la traducción, la crítica literaria y cinematográfica y, recientemente, la novela y el cuento. En sucesivos períodos, ha sido jefe de redacción de las revistas Letras Nuevas, Zona Franca, Solar, Con Textos y Criticarte. Como traductor, se conocen sus versiones de Henri Michaux, Roger Gilbert Lecomte, Claude Simon y Cesare Pavese. Profesor de Literatura y Cine en las Universidades de los Andes (Mérida) y Simón Bolívar (Caracas),  publicó un volumen antológico de la joven poesía de los Andes venezolanos: Andina (Caracas, Fundarte, 1988).
Su obra poética comprende más de diez títulos, entre los cuales pueden citarse Maquillando el cadáver de la revolución (1977), Parapoemas (1978), El poeta invisible (1981), Vida del otro (1982), Anotaciones de otoño (1987) y Rock urbano (1989).
Ha publicado tres libros de ensayo: Antología del nuevo cuento cubano (1969), Nueva literatura cubana (1971), y Proceso de la narrativa venezolana (1975). Incursionó en la narrativa en 1990, con su novela Casa de Cuba (Caracas, Monte Ávila). En 1992 obtuvo en Mérida el premio de cuentos de la primera Bienal Internacional Mariano Picón Salas por su libro El guardián del museo (Caracas, Monte Ávila). En 1994 obtuvo el premio de narrativa del Instituto de Cooperación Iberoamericana, con su novela, próxima a publicarse, Luna de Italia. Estos minicuentos inéditos de Julio E. Miranda, que hoy presentamos a nuestros lectores, atraviesan la frontera de la fabulación y penetran, decididos, en el territorio de la poesía. Pertenecen al libro Miniaturas.