III

Con gravedad y de un solo trazo, con la certeza del que palpa,
he pintado en la tarde la luz que daba forma a lo ilusorio,
para intuir en el esbozo, aquello que se arrastraba desde lo propio a lo ajeno
confundiendo las señales.
Por encima de este rumor de la serpiente en la hojarasca
hay una forma indisoluble que sirve de consuelo,
y que medra sentido a mis cadáveres.

 

IV

Sobre el mismo polvo seco del desierto, lejos del río del auxilio,
¿cómo es el amor de esa madre que vela, en la noche del hambre,
la muerte de su hijo?,
¿de qué fuerza carece para impulsar su canto hasta aquel que lo
[apena y lo vigila?,
¿qué sentido posee su larga caricia, su lenta mirada dulce y
[pesarosa,
despidiendo rastrojos del delirio, funestas proporciones de una
[tormenta agotada?

 

VI

Este otoño es distinto de todos los otoños,
su presencia crece dentro de mí como un árbol que crece sin hojas,
extendiendo en mi pecho vivísimas ramas y raíces,
aumentando sus anillos en mis costillas cerradas para sellar más
[la tristeza que me atiende,
la honda tristeza de ver cómo se abren sus flores en lugares ordinarios.

 


José Iniesta Maestro, joven poeta valenciano, nacido hace treinta y un años, ha publicado los siguientes volúmenes de poesía: Del tiempo y sus castigos (Sagunto, Abalorio, 1986) y Cinco poemas (Sagunto, Árdeas, 1989).