Luis Vidales nació en 1904 en Calarcá, provincia de Quindío, Colombia. Hijo de un educador («el ambiente hogareño es el principal responsable del primer asomo de mi inclinación»), se trasladó muy joven a Bogotá, estudiando en el Colegio del Rosario («vino luego el aprendizaje de la retórica y la inundación de lecturas. Los parnasianos, los simbolistas, Rimbaud, Lautreamont, Laforgue, y los nuestros: Silva, Pombo…»). Sus primeros poemas aparecieron en el diario El sol, periódico del cronista y político Luis Tejada (1898-1924), su amigo y mentor («la poesía de este muchacho es de ideas, sobria y sintética… sufre la voluptuosidad de las ideas puras»), con quien trabajó luego en el diario El Espectador. Junto al mismo Tejada, León de Greiff, Rafael Maya, Jorge Zalamea y Ricardo Rendón, entre otros, conformó la llamada generación de Los Nuevos, que contribuyó desde su pensamiento progresista al desarrollo político y cultural del país («una generación como la concibió Ortega y Gasset: como una representación histórica de varios millones de personas que se movían dentro de características semejantes»). En 1926, a sus 22 años de edad, publicó Suenan timbres, libro que transformó las formas y asuntos de la poesía colombiana escrita hasta entonces, y que refleja el contexto histórico de las primeras décadas del siglo XX en Colombia («Suenan timbres es un libro de demolición. Había que destruirlo todo: lo respetable, establecido o comúnmente aceptado»). Posteriormente viajó a París, donde conoció a Huidobro, Tzara, Valery, Neruda, Louis Aragón, Picasso («en París me aproximé a quienes han sido mis grandes pasiones literarias: Rimbaud, Villon, Rabelais») y estudió Ciencias Sociales y Económicas con especialización en Estadística («yo no hago dicotomías falsas. Letras y números van unidos»). De regreso a Colombia, milita en el Partido Comunista y cumple labores periodísticas en la redacción del periódico Tierra, diario oficial del partido («en Colombia Tejada me había abierto las puertas del Marxismo, había canalizado mi ideología hacia una definición política clara»). Por aquellos años asume la dirección del Instituto Nacional de Estadística y dicta cátedra de Historia del Arte y Estética en la Universidad Nacional («a pesar de las conclusiones que cada rama del conocimiento tiene que arrojar, hay que reunir todas esas conclusiones para llegar a una visión del mundo más total. Eso también es poesía»). En 1945 publica el ensayo Tratado de estética y en 1948 La insurrección desplomada, colección de artículos publicados en el diario La Jornada que denuncian la violencia política de la década de 1950 desencadenada por el asesinato del líder liberal Jorge Eliécer Gaitán («nada podíamos hacer para marcar el compás que marcaba la historia. Al final, la insurrección se desplomó como una suerte de naipes polvorientos»). En 1953 se exilia voluntariamente en Chile, donde se desempeña como profesor de Estética y asesor estadístico; de vuelta a su país, publica en 1973 La circunstancia social del arte, y dos años más tarde, Historia de la Estadística en Colombia. Solo hasta 1976, cincuenta años después de su primera aparición, Vidales ve la segunda edición de Suenan timbres, que suma a «Poemas de la yolatría» y «Curva», los capítulos «Los importunos» y «Estampillas»; luego hace público su segundo libro de poemas, La obreríada (1979) («la culpa de La obreríada la tiene el mundo actual, el atolladero contemporáneo. Canto lo que el mundo me propone»), y más tarde El libro de los fantasmas (1985) y Poemas del abominable hombre del barrio de Las Nieves (1985). Se ha publicado parcialmente en revistas y periódicos su colección de poemas Espejo de la pintura. En 1982, la Universidad de Antioquia le otorgó, en reconocimiento a su obra, el Premio Nacional de Poesía, y en 1985 el gobierno de la Unión Soviética lo distinguió con el Premio Lenin de La Paz. Luis Vidales murió en 1990 en Bogotá, a los 86 años de edad: «Espero curarme, bajo tierra, de mi enfermedad de poeta. ¡Terrible enfermedad si las hay!».
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Alejandro Anreus
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