Esta es la segunda vez que Amancio Prada, cantor de poetas antiguos y modernos, cultos y populares, viene a Carmona para honrar con su música –siempre al servicio de la poesía– el acto de presentación de un número de Palimpsesto. La primera fue hace tres años, cuando realizó un generoso recorrido por su indeleble trayectoria en el claustro del Convento de Santa Clara. Aquella memorable actuación alcanzó tal complicidad emotiva que aún resuena en los corazones de quienes la presenciamos, al punto de ser considerada por muchos un hito irrepetible en la ciudad.
Desnuda, aérea, ensimismada, la voz de Amancio Prada parece hecha expresamente para cantar –o mejor, transparentar– los delicadísimos poemas de Santa Teresa y San Juan, en los que, más acá o más allá de su índole religiosa, el amor profano y el sagrado se funden con todos sus matices en una inefable intimidad, a la que lo mismo le sirve la conceptuosa copla octosilábica como la refinada lira renacentista.
La prueba más reciente del sostenido interés por la poesía mística de este exquisito juglar es La voz descalza, concierto de carácter unitario en el que, mediante un hilo conductor y una cuidada puesta en escena bajo la luz simbólica de dos velas, como trasunto espiritual de estas dos figuras esenciales, alternan canciones de ambos poetas en pos de una trascendencia última.






